Mariano Coscarella, biólogo especialista en mamíferos marinos de la Universidad Nacional de la Patagonia, dialogó con Carlos Ojeda para La Constructora Radio y brindó detalles de los estudios realizados tras la mortandad de ballenas en Península Valdés. "Hemos realizado dos series de estudios: una sobre la mortalidad de cachorros hasta septiembre, y otra sobre un evento que finalizó hace unos 10 días de mortalidad de ballenas adultas", explicó.
Respecto a los ballenatos, Coscarella confirmó que una bacteria causó las muertes. "Se ha podido determinar que una bacteria que produce una enfermedad conocida como erisipela mató a los cachorros que aparecieron muertos en la costa. Fue una infección generalizada, una sepsis, que derivó en la muerte", señaló. "No sabemos por qué afectó particularmente a las crías. Puede deberse a cambios en la bacteria, condiciones ambientales que favorecieron su proliferación, o fallas en el sistema inmunológico de los cachorros", agregó.
El especialista aclaró que no es la misma bacteria que produce la marea roja. "Esta bacteria vive en la piel de los animales y ya había sido reportada en 2016. Ha producido mortalidad de cetáceos en otras partes del mundo, pero este año fue particularmente virulenta con los cachorros", sostuvo.
"No tenemos evidencia de que la actividad humana sea la causa"
Consultado sobre la responsabilidad de la actividad humana, Coscarella fue prudente. "No tenemos evidencia de que esto sea así. No lo descartamos completamente, pero no hay ningún elemento que nos lleve a pensar que la actividad humana haya sido la responsable inmediata", afirmó.
Sobre las muertes de adultos, el especialista explicó que aún están investigando. "Los animales estaban en buenas condiciones corporales, pero la tasa de aparición nos lleva a pensar que puede haber sido algún evento de floraciones algales nocivas que se dio puntualmente mientras se alimentaban antes de partir hacia las zonas de alimentación", señaló. Y advirtió: "Las ballenas aún continúan en la zona, así que no significa que no puedan aparecer nuevos casos en las próximas semanas".
El trabajo de investigación y el protocolo
Coscarella destacó el trabajo del programa de monitoreo sanitario de la ballena franca austral, dirigido por la doctora Marcela Uhart, que trabaja desde 2003. "El protocolo se sigue siempre cuando aparece un ballenato o una ballena muerta. Se toman muestras dependiendo de la condición del cuerpo, se guardan en un freezer y se usan no solo para determinar la causa de la muerte, sino para múltiples estudios. Se genera un banco de muestras", detalló.
El especialista también elogió el trabajo del Municipio de Puerto Madryn para retirar los cuerpos de las playas públicas. "El trabajo de María Cabrera coordinando las acciones ha sido excepcional en cuanto a la velocidad para retirar los animales. Un animal de 40 toneladas descomponiéndose en una playa pública puede ser infeccioso", afirmó.
Posibilidad de nuevos episodios
Finalmente, Coscarella advirtió que estos fenómenos pueden repetirse en otras especies. "En 2025 tuvimos gripe aviar que no afectó a las ballenas, pero sí a los elefantes y lobos marinos. Estamos expuestos a este tipo de episodios de enfermedades en poblaciones salvajes. Lo que es muy difícil es predecir cuándo ni por qué se van a producir", concluyó.




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