En el
truco, el vale cuatro exige animarse a sostener la apuesta. Luiz Inácio Lula da
Silva acaba de encontrarle una traducción política: remontó una elección
adversa y consiguió su cuarto triunfo presidencial. Brasil volvió a elegirlo,
esta vez frente a Flávio Bolsonaro, heredero electoral del apellido que
estructura a la derecha radical del país.
El
presidente obtuvo el 51,79 % de los votos válidos contra el 48,21 % de su
adversario, con el escrutinio prácticamente concluido. La distancia fue de 3,58
puntos porcentuales: suficiente para definir al ganador, pero también
reveladora de la persistencia de dos grandes bloques enfrentados.
La
remontada tiene un valor histórico. Por primera vez desde la recuperación de
las elecciones presidenciales directas, quien había quedado segundo en la
primera vuelta terminó ganando el balotaje. Lula convirtió una posición
defensiva en una nueva oportunidad de gobierno.
La
recuperación tuvo calles y pantallas. Agência Brasil describe una campaña que
ganó impulso mediante movilizaciones de estudiantes y organizaciones sociales,
mientras reforzaba el contacto directo con los votantes en redes. El diputado
André Janones participó de esa reorganización con una comunidad de WhatsApp que
reunió a más de diez millones de personas. La experiencia permite una lectura:
la comunicación digital adquiere otra potencia cuando encuentra organización y
participación fuera del teléfono.
En su
discurso, Lula presentó el resultado como una derrota del negacionismo y la
mentira. También planteó regular las plataformas digitales, ampliar la
participación popular y desarrollar capacidades brasileñas en inteligencia
artificial. Educación, salud y autonomía tecnológica aparecen así enlazadas en
su propuesta para el próximo período. Son compromisos cuyo alcance deberá
medirse en decisiones y resultados.
El límite
político está a la vista. Bolsonaro conservó casi la mitad de los votos y Lula
deberá negociar con un Congreso más conservador. El propio presidente reconoció
esa composición y manifestó su voluntad de trabajar con el Legislativo dentro
del marco constitucional. Ganar la Presidencia asegura una responsabilidad
institucional; construir las mayorías para gobernar será una tarea cotidiana.
Para
América Latina, la elección ofrece una señal: el avance de la ultraderecha
puede encontrar límites en las urnas. Esa lectura exige, sin embargo, evitar
cualquier triunfalismo automático. La cuarta victoria abre una oportunidad para
el progresismo brasileño, acompañada por la obligación de responder a las
demandas que hicieron posible la remontada.


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