Desde hace 11
días, Venezuela atraviesa una de las peores tragedias de su historia: los terremotos gemelos de 7,2 y 7,5 que
enterraron a miles bajo los escombros. Y, a esta altura de la emergencia, con
cada hora que pasa, se libra un pulso entre la esperanza de encontrar a más
supervivientes y las probabilidades que apuntan a todo lo contrario. Un pulso
entre el anhelo de la vida y la contundencia de la devastación. Y así, mientras
miles siguen desaparecidos, la cifra
oficial de personas muertas sólo aumenta: 2.945, según el balance más reciente
este sábado.
El Ministerio de
Comunicación e Información de Venezuela difundió en un comunicado que se han
contabilizado 16.592 personas heridas
y que, hasta el momento, se ha podido
rescatar a 6.462 sobrevivientes. Pero, con 856 edificios afectados y 190
estructuras colapsadas, las posibilidades de que este último número aumente
empiezan a esfumarse.
La ventana para
hallar con vida a las víctimas atrapadas en este tipo de eventos cierra a las
72 horas o los tres días. Aun así, el rescate el pasado jueves de Hernán Gil,
un guardia de 43 años que estuvo
sepultado por ocho días bajo los escombros, fue un halo de ilusión en medio
del luto. Ahora, los equipos de socorristas internacionales, que diversos
países enviaron tras las catástrofes, ya han empezado a salir de Venezuela o se
preparan para hacerlo. Cada vez son menos los rescatistas extranjeros que
permanecen en los edificios derrumbados.
La angustia por recuperar los cuerpos
Entre los
venezolanos que le hacen frente a la tragedia, la preocupación y la
desesperación ahora se concentra en recuperar los cuerpos bajo las ruinas.
Familiares de aquellos que quedaron atrapados poco a poco se resignan a que se utilice maquinaria pesada para hallar los
restos de sus seres queridos.
Entre los
escombros de la residencia Vista Mar, ubicada en La Guaira, el estado más
afectado por el desastre, se observa una cortina roja en medio de los edificios
colapsados. La agencia de noticias AFP reporta que es la señal de que debajo permanece el cuerpo de Heberth
Hernández, de 79 años. A unos metros, una retroexcavadora continúa removiendo
los restos de la estructura en las labores de búsqueda y rescate.
"Ya lo ubicamos, ya está visto, pero tiene
muchos escombros encima y necesitamos colaboración para poder quitar lo que
tiene encima para extraerlo", dice Ruth Silva, amiga de Heberth. "Siento tristeza de ver a una persona tan cercana dentro de esos
escombros y no poder hacer nada humanamente para poder recuperarlo".
“Necesitamos tener un
cierre”
Este sábado, las autoridades
desplegaron excavadoras, retroexcavadoras y camiones para demoler edificios
colapsados o severamente comprometidos, y avanzar en la remoción de escombros.
Con el trabajo de las máquinas "pienso que sí los van a conseguir (los
cuerpos). Y aparte de eso, sería lo mejor, porque de verdad que todos estos
días, desde que empezó todo esto, ha
sido un proceso bastante duro, agotador", dijo a AFP Susana Graterol,
de 47 años, desde un edificio desplomado en el sector Playa Grande de La
Guaira.
"Los familiares necesitamos tener un cierre", asegura. Diez de sus vecinos aún no
han podido ser recuperados.
En el edificio
Carambar de Caraballeda, también en La Guaira, varios familiares siguen
acudiendo todos los días y entrando a los escombros, a pesar del peligro que
supone, reporta la agencia de noticias EFE.
Una de las
venezolanas busca a su hermana, después de conseguir rescatar a su sobrino
pequeño, pero increpa a un grupo de mineros porque están tratando de sacar a un
hombre de 25 años, pero no buscan a las decenas de muertos que aún quedan en
ese edificio, añade el reporte. Y detalla que, en esta zona costera, la
maquinaria amarilla ya empezó a excavar entre los escombros, mientras los
camiones hacen fila en las calles que hoy estaban completamente colapsadas.
Por la dimensión
de la tragedia, los amplios esfuerzos desplegados no dan abasto para atender todas las necesidades. Frente a los
escombros de un edificio donde están atrapados los cuerpos de su madre,
hermanos y sobrinos, Dalimer Díaz, de 43 años, le dijo el viernes a AFP: "Nadie quiere sacar a los muertos,
tenemos que sacar los cuerpos nosotros mismos, necesitamos una maquinaria que
nos ayude".
“Nadie va a fosa común”
Desde el jueves,
la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, descartó la posibilidad de fosas comunes para quienes murieron en
los terremotos, y ordenó un protocolo
forense de identificación para todas las víctimas. “Yo de entrada dije:
‘Nadie va a fosa común’”, sostuvo Rodríguez en una rueda de prensa. Luego
detalló que entre las disposiciones está abrir un expediente exhaustivo para
cada cuerpo que se recupere.
De acuerdo a la
estatal Agencia Venezolana de Noticias, el protocolo de reconocimiento incluye
“un orden riguroso de métodos científicos: en primera instancia, la
identificación por huella dactilar y registro fotográfico”. Y luego se añade
que “en los casos donde esto no sea posible, los médicos forenses proceden a la
evaluación de la dentadura forense”.
A lo que se suma
que Rodríguez informó que este mecanismo ha permitido hasta el momento que
múltiples familias ya hayan retirado a sus seres queridos.
Miles de desplazados
Muchos de los
sobrevivientes a los terremotos quedaron en la calle o en precarios refugios
instalados en parques sin un futuro claro. Otros acampan en lugares públicos,
calles y en la misma playa, a la espera de que sus viviendas sean
inspeccionadas para determinar si los daños fueron comprometedores o no. O
simplemente por miedo a que se les vuelvan a caer encima.
El gobierno contabiliza 16.309 personas desplazadas,
según el último reporte.




