Este jueves se
cumplieron 1.000 días del genocidio de Israel contra Gaza. Sin descartar que, el pueblo Palestino ha sufrido del acoso y del terrorismo israelí desde hace décadas, y aunque
en la región han surgido nuevos focos de tensión y algunos frágiles altos el
fuego han entrado en vigor, la situación en Gaza sigue lejos de estabilizarse.
Más de dos millones de palestinos permanecen atrapados en un territorio
devastado, marcados por el desplazamiento forzado, la destrucción y una crisis
humanitaria que no da señales de remitir.
Desde la entrada
en vigor del 'alto el fuego' el pasado 10 de octubre, la intensidad de los
ataques ha disminuido, pero la realidad sobre el terreno apenas ha cambiado
para la población civil. Las fuerzas israelíes ocupaban inicialmente más de la
mitad del territorio de Gaza y, desde entonces, el Gobierno de Israel ha
ampliado esa presencia, afirmando que pretende mantener bajo su control el 70 %
del enclave palestino.
A ello se suma
que la circulación de personas continúa severamente restringida, con muy pocas
posibilidades de entrar o salir de Gaza. Mientras tanto, las siguientes fases
del acuerdo de alto el fuego permanecen bloqueadas. Entre los principales
puntos pendientes figuran el desarme del grupo de resistencia palestino Hamás y
el enorme desafío que supone la reconstrucción de un territorio arrasado tras
casi tres años de bombardeos constante.
"Es
necesario hacer mucho más para que pueda regresar siquiera una apariencia de
normalidad, y estamos muy, muy lejos de conseguirlo", afirmó esta semana
el director regional del Comité Internacional de la Cruz Roja, Nicolas von Arx.
A continuación,
un repaso a lo ocurrido durante estos 1.000 días y a lo que podría venir.
Las víctimas mortales continúan aumentando mientras persiste la crisis en Gaza.
Los palestinos siguen siendo asesinados
Los ataques
israelíes han disminuido desde que entró en vigor el alto el fuego, pero
continúan casi a diario.
Según el
Ministerio de Salud de Gaza, hasta el martes 1.053 palestinos habían muerto
desde el inicio de la tregua, entre ellos más de 350 mujeres y niños. Entre las
víctimas de los últimos días figuran una adolescente que se dirigía a la
escuela y una madre junto a su hija de un año.
El ministerio
también informó de que más de 3.400 personas han resultado heridas desde el
comienzo del alto el fuego.
Por su parte, las
Naciones Unidas advirtieron el miércoles de que la expansión de la ocupación
israelí en Gaza aumenta el riesgo de muerte para la población civil en zonas
"que carecen de una delimitación clara sobre el terreno".
La ofensiva
israelí comenzó después de que, el 7 de octubre de 2023, grupos de resistencia
palestinos encabezados por Hamás lanzaran la 'Operación Inundación' de Al Aqsa en
el sur de Israel. La incursión dejó alrededor de 1.200 israelíes muertos y 251
personas fueron tomadas como rehenes. Desde entonces, todos los rehenes, o sus
restos mortales, han sido liberados o entregados.
Desde el inicio
de la ofensiva, 73.066 palestinos han muerto, según el Ministerio de Salud de
Gaza. Mil días después, la devastación sigue marcando el territorio y la
población palestina continúa enfrentándose a una grave crisis humanitaria.
Mil días después, Gaza sigue marcada por la destrucción y la incertidumbre sobre su reconstrucción.
Un Israel dividido se encamina a las elecciones
En los últimos
1.000 días, el conflicto se ha extendido mucho más allá de Gaza. Israel ha
abierto frentes con Hezbollah en Líbano, los hutíes en Yemen e Irán, cuyos
ataques, según estos actores, se llevaron a cabo en solidaridad con los
palestinos.
El primer
ministro israelí, Benjamin Netanyahu, presionó al presidente estadounidense,
Donald Trump, para lanzar un ataque conjunto contra Irán el pasado 28 de
febrero. Esa escalada reavivó el conflicto en Líbano, donde las fuerzas
israelíes han alcanzado su mayor nivel de avance en más de un cuarto de siglo.
Ninguno de estos frentes se ha estabilizado por completo.
A medida que se
prolongan los distintos frentes abiertos por Israel, también aumenta su coste
político y social. Las crecientes bajas entre los soldados israelíes, los
continuos ataques en la frontera con Líbano y las acusaciones internacionales
de genocidio en Gaza han intensificado el descontento interno, en un momento en
que Benjamin Netanyahu aspira a renovar su mandato en las elecciones de este
otoño.
Según una
encuesta publicada el mes pasado por el Instituto para la Democracia de Israel,
más del 60% de los israelíes considera que Netanyahu no debería volver a presentarse.
El descontento también se ha visto alimentado por los fallos de seguridad
previos al 7 de octubre, la ausencia de una comisión estatal de investigación
para esclarecer lo ocurrido y las impopulares exenciones del servicio militar
concedidas a los socios ultraortodoxos del Gobierno de Netanyahu.
Gaza sigue en ruinas mientras la ayuda humanitaria
enfrenta obstáculos
Mil días después
del inicio de la ofensiva israelí, los palestinos en Gaza aseguran que han
llegado al límite. Refugiados en extensos campamentos de tiendas de campaña con
servicios básicos, cuando los hay, o entre las estructuras de edificios
destruidos por los bombardeos, continúan viviendo bajo el zumbido constante de
los drones israelíes y la amenaza diaria de nuevos ataques.
Aunque el alto el
fuego debía propiciar un aumento de la ayuda humanitaria, incluidos
medicamentos y combustible, las organizaciones humanitarias sostienen que ese
incremento nunca llegó a materializarse. Todos los pasos fronterizos de Gaza
continúan sometidos a estrictas restricciones impuestas por Israel y, en
algunos momentos, han permanecido completamente cerrados. Como consecuencia, el
acceso a suministros básicos sigue siendo insuficiente. De hecho, Naciones
Unidas informó el mes pasado de que 17 hospitales seguían sin estar operativos.
La crisis golpea
con especial dureza a la infancia. Con motivo de los 1.000 días de la ofensiva,
Save the Children advirtió de que al menos 21.000 niños han muerto en Gaza,
aunque señaló que la cifra real podría ser mayor, ya que muchos continúan
sepultados bajo los escombros. La organización también estima que más de
800.000 menores, cerca del 80 % de la población infantil del territorio, han
sido desplazados y que los 625.000 niños en edad escolar acumulan ya tres años
sin acceso a la educación formal.
"Cada día de
los últimos 1.000 días, el mundo ha fallado a un millón de niños en Gaza al no
intervenir para detener la muerte y las mutilaciones de menores", afirmó
Ahmad Alhendawi, director regional de Save the Children para Oriente Medio,
Norte de África y Europa del Este. La organización añadió que alrededor de
245.000 niños corren el riesgo de sufrir desnutrición o ya la padecen debido a
las restricciones que siguen afectando a la entrada de ayuda humanitaria.
A estas
dificultades se suman los obstáculos burocráticos. El responsable de Asuntos
Humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, denunció el mes pasado que los
"engorrosos" procedimientos israelíes de autorización y control
aduanero están limitando la entrada de suministros esenciales. Según explicó,
incluso las prótesis se han visto afectadas por la preocupación de las
autoridades israelíes de que puedan tener un posible uso "dual" como
armas.
En paralelo, la
inseguridad alimentaria continúa siendo una de las principales preocupaciones.
La hambruna fue declarada en la ciudad de Gaza el pasado agosto. Sin embargo,
expertos en seguridad alimentaria señalaron posteriormente que se habían
registrado "mejoras notables" tras la entrada en vigor del alto el
fuego. Por su parte, el organismo militar israelí encargado de coordinar los
asuntos civiles en Gaza (COGAT) afirmó el miércoles que "las cantidades de
alimentos que están entrando superan con creces las necesidades nutricionales de
la población civil de Gaza".
Pese a esas
afirmaciones, la realidad que describen muchos gazatíes sigue siendo muy
distinta. "Antes de la ofensiva lo teníamos todo", relató Mahmoud
Ashour, un comerciante de 33 años de Jan Yunis. "Y ahora solo anhelamos un
bocado de comida".
Mientras tanto,
Gaza continúa sepultada bajo los escombros y la desesperación. Los palestinos
siguen esperando no solo alimentos y medicinas, sino también una vía creíble
hacia la reconstrucción, un refugio seguro y la posibilidad de recuperar una
vida digna, sistemáticamente destruida por 1.000 días de incesantes bombardeos
israelíes.




