Una
dificultad repentina para hablar, la pérdida de fuerza en un brazo o una
alteración en el rostro pueden ser señales de un accidente cerebrovascular
(ACV). Reconocerlas y pedir ayuda de inmediato resulta fundamental. Ese fue uno
de los mensajes centrales de la doctora Verónica López durante la entrevista en
el marco del Día Mundial del ACV.
La jornada
se conmemora cada 29 de octubre. Según la Organización Mundial del ACV,
la iniciativa comenzó en 2006 para concientizar sobre la enfermedad,
difundir medidas de prevención y tratamiento y promover mejores cuidados y
apoyo para quienes la atraviesan.
En el inicio de la charla, resultó pertinente dar una
definición: el ACV "es totalmente una emergencia médica". Se produce cuando una
obstrucción o un sangrado interrumpen la circulación de sangre en el cerebro.
La profesional explicó la importancia de ese suministro con una frase sencilla: "La sangre transporta oxígeno".
Existen dos
grandes tipos: el isquémico, provocado por la obstrucción de un vaso
sanguíneo, y el hemorrágico, causado por su rotura. Aunque en el
lenguaje cotidiano suele utilizarse la expresión “derrame cerebral” para
referirse a cualquier ACV, ese término se asocia específicamente con el
sangrado.
Las señales que requieren una respuesta
inmediata
La doctora describió
situaciones que pueden advertir que algo está ocurriendo: una comisura de la
boca que se desvía, dificultad para levantar un brazo o problemas para
pronunciar una frase sencilla.
"Cuando
comienzo a hablar, siento que mi lengua se enlentece, se traba la lengua, tengo
trastornos para hablar", señaló. También mencionó el dolor intenso de cabeza
entre las posibles manifestaciones.
La aparición
repentina de estas alteraciones exige actuar. La pérdida súbita de visión o
de equilibrio también puede ser una señal de ACV, de acuerdo con la
Organización Mundial de la Salud.
Ante una
sospecha, la indicación de la entrevistada fue concreta: "Llamar a una
ambulancia". La persona necesita una evaluación inmediata y atención en un
centro de salud. Incluso si los síntomas desaparecen después de unos minutos,
es necesario buscar asistencia: podría tratarse de un ataque isquémico
transitorio, que también requiere atención urgente.
Prevenir también es controlar la salud
La médica
puso especial énfasis en el seguimiento de la presión arterial, la diabetes y
los hábitos cotidianos. Hacer los controles indicados, sostener la medicación
prescripta, cuidar la alimentación y realizar actividad física fueron algunas
de sus recomendaciones.
"Si estoy
con la presión alta, me hago todos los chequeos", expresó. En el mismo sentido,
destacó la importancia de abandonar el sedentarismo y el tabaco y revisar el
consumo de alcohol.
Estas
medidas permiten reducir el riesgo, aunque no eliminan todas las
posibilidades de sufrir un ACV. La OMS señala que el control de la hipertensión
y de otras afecciones, junto con hábitos saludables, constituye una parte
central de la prevención.
También puede ocurrir en personas jóvenes
Consultada
sobre si el ACV afecta exclusivamente a personas mayores, López respondió: "También nos puede pasar, quizás sea diferente la etiología, quizás sean
diferentes las causas". Por eso, la edad no debe llevar a descartar las señales
de alarma.
La
profesional también advirtió sobre las secuelas que pueden quedar después de un
episodio. Según la zona del cerebro afectada, pueden comprometerse el
movimiento, la sensibilidad, el habla o la visión. La recuperación varía entre
personas y puede requerir rehabilitación.
El mensaje de la entrevista fue informar para reconocer y actuar. "Tenemos factores de riesgo y tenemos medidas para prevenirla", sostuvo la doctora López. Una tarea que necesita continuidad durante todo el año: conocer los síntomas, cuidar la salud y pedir ayuda sin demora puede hacer una diferencia decisiva.

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