En medio del
paisaje gris y devastado en el que se ha convertido Gaza, el único destello de
color es un bloque de hormigón amarillo que parece fuera de lugar. Es una de
las decenas de señales instaladas a lo largo del enclave que marcan la llamada
"Línea Amarilla", que, según el Ejército de Israel, indica hasta dónde pueden avanzar los palestinos
antes de arriesgarse a ser abatidos.
Sin embargo, esa línea nunca permanece en el mismo sitio.
Las fuerzas israelíes disparan contra palestinos a ambos lados de ella y, a
medida que amplían su ocupación sobre el terreno, desplazan los marcadores cada
vez más hacia el interior de Gaza. Con cada avance, el territorio palestino se
reduce un poco más.
Tras el bloque
amarillo, más allá de los escombros de edificios derrumbados y del acero
retorcido de lo que un día fueron viviendas, un largo terraplén de tierra corta
ahora el horizonte. Recién levantado y más alto que cualquier otra estructura
que permanezca en pie a kilómetros de distancia, se ha convertido en el nuevo
límite visible del paisaje.
Hace apenas un
año no existía. Montañas de arena y tierra acumuladas por excavadoras señalan
hoy el final de la denominada "zona de amortiguamiento" y el inicio
de lo que, al menos en teoría, sigue siendo Gaza bajo control palestino.
Y al otro lado
del terraplén, miles de familias continúan luchando por sobrevivir. Entre ellas
está Khader Al-Ashqar, de 60 años, que vive en una tienda de campaña junto a su
esposa y sus cinco hijas cerca de la Línea Amarilla, en Jan Yunis, a escasa distancia
de la calle Salah Al-Din, donde esa línea ha avanzado más que en cualquier otro
punto del enclave.
"Antes de la
ofensiva, los israelíes estaban junto a la alambrada del este, a unos tres
kilómetros de nosotros. Poco a poco, con la guerra y los bombardeos, todo fue
destruido y ellos se acercaron cada vez más hasta llegar a Salah Al-Din",
relata Al-Ashqar a TRT World.
"Cada día los israelíes
adelantan la Línea Amarilla. Han llegado aproximadamente hasta la
mezquita Al-Salam; eso significa que ahora están a solo unos 700 metros. Por la
noche, toda esa zona queda iluminada por potentes focos que resultan aterradores", explica.
El hombre asegura
que las fuerzas israelíes mantienen cuatro posiciones militares en los
alrededores: el puesto 86, al este de Jan Yunis; otro en Al-Qarara, al noreste;
uno en Al-Zana, y otro en Bani Suheila.
"Al caer la tarde, el cielo
se ilumina sobre nuestras cabezas por los disparos indiscriminados y los
bombardeos",
añade.
Hace
aproximadamente un mes, su único hijo,
Salim, murió por disparos de soldados israelíes apostados sobre esos
terraplenes de tierra mientras se
dirigía a comprar gas para cocinar para su familia.
Salim, recién
casado, vivía en una tienda de campaña junto a la de sus padres y jugaba al
fútbol en el club Khadamat Jan Yunis. Su esposa estaba embarazada de seis meses
cuando fue asesinado.
"Todo cambió
por completo. Tendría que haber sido yo quien muriera, y no Salim. Aun así,
resistiremos. Que Allah proteja a su esposa, que nuestra nieta nazca sana y
podamos criarla", lamenta Khader.
Cada día es peor
Al oeste del
terraplén de tierra que ahora divide Gaza, más de dos millones de personas
sobreviven hacinadas en campamentos de tiendas de campaña, alejadas de las
tierras en las que muchas vivían antes de la ofensiva israelí.
Al otro lado,
hacia el este, solo quedan calles arrasadas, barrios completamente destruidos y
bases militares israelíes levantadas sobre las ruinas de localidades como Bani
Suheila y Rafah. A ello se suman nuevas carreteras abiertas sobre lo que antes
eran tierras agrícolas.
"Ninguna tienda nos
protege de las balas, ninguna casa… No hay nada que nos proteja", cuenta Umm Salim Al-Ashqar, madre
de Salim.
"Todos los
días disparan desde el terraplén. Dormimos aterrorizados. Reúno a mis hijas y
nos refugiamos en la habitación del lado este para intentar mantenernos lo más
lejos posible de la línea".
"Los
israelíes disparan contra nosotros, contra las tiendas y contra la casa.
Esperamos que las balas nos alcancen en cualquier momento. Incluso antes de que
Salim fuera asesinado, los proyectiles ya habían impactado en las paredes de
nuestra vivienda".
Desde octubre, la
denominada Línea Amarilla pasó de abarcar aproximadamente la mitad de Gaza a
cubrir cerca del 65% del territorio en junio, según la Oficina de las Naciones
Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Paralelamente, se
han levantado más de 23 kilómetros de terraplenes de tierra a lo largo de esa
franja.
En un tramo
cercano a Rafah, una de estas barreras pasó de medir 500 metros a 2,4
kilómetros en apenas dos semanas. Además, cerca de un tercio de los más de
1.160 palestinos muertos desde la entrada en vigor del llamado ‘alto el fuego’
perdieron la vida en las inmediaciones de esta línea, que continúa avanzando.
Ali Abduldaim
Ashour, que aún reside en una de las zonas próximas a la Línea Amarilla,
asegura que las condiciones empeoran cada día.
"Antes, la
Línea Amarilla estaba a alrededor de un kilómetro y medio de nosotros. Ahora se
encuentra a solo entre 400 y 500 metros", relata a TRT World.
"No sabemos
qué hacer. Como puede ver, toda la zona ha sido destruida. Intentamos
permanecer aquí, pero sufrimos constantemente por los drones, los
cuadricópteros que sobrevuelan zumbando, los disparos y los heridos", afirma.
"La verdad
es que ya no sabemos qué significa vivir con seguridad. Esa vida ya no existe.
Todo es miedo. Incluso por la noche vivimos aterrorizados", concluye.
No es la primera vez
Gaza no es el
primer lugar donde Israel traza una línea sobre el terreno y la presenta como
una medida temporal.
En 2002, comenzó
a construir la barrera de separación en Cisjordania ocupada, argumentando que
era una medida de seguridad para impedir ataques. Más de dos décadas después,
esa barrera sigue en pie y, en amplios tramos, nunca respetó la Línea Verde, la
frontera reconocida internacionalmente.
En su recorrido,
la barrera se adentra profundamente en territorio palestino y deja
aproximadamente una décima parte de Cisjordania ocupada —incluidos asentamientos ilegales y tierras agrícolas— del lado
israelí, mientras aísla a comunidades palestinas de sus propias tierras y las
separa unas de otras.
Con una extensión
de unos 700 kilómetros, la barrera ha deteriorado la vida social, la actividad
económica y el acceso a servicios básicos. Miles de palestinos viven en
comunidades que quedaron atrapadas entre la barrera y la Línea de Armisticio de
1949, conocida como la Línea Verde.
En 2004, la Corte
Internacional de Justicia dictaminó que el trazado de la barrera violaba el
derecho internacional. Sin embargo, ese
fallo no alteró la realidad sobre el terreno.
Lo que
inicialmente fue presentado como una medida de emergencia terminó
convirtiéndose, tras años de construcción y expansión, en un elemento
permanente del paisaje.
Los terraplenes
que hoy se levantan en Gaza parecen seguir ese mismo patrón: fueron construidos
con rapidez, justificados como infraestructura de seguridad y, una vez
consolidados sobre el terreno, resultan extremadamente difíciles de revertir.
A lo largo de
estas nuevas barreras de tierra, las fuerzas israelíes han desplegado
francotiradores que, según denuncian las familias que viven en las
inmediaciones, disparan directamente contra tiendas de campaña y viviendas. En
el cielo, drones cuadricópteros sobrevuelan la zona de forma casi permanente.
"Nuestros
hijos se despiertan por la noche sin entender qué está ocurriendo,
sobresaltados por el sonido de los disparos y de la artillería", relata
Ali.
"Estamos
sufriendo enormemente. Incluso ahora, si sales y miras hasta donde alcanza la
vista, solo verás estos terraplenes de tierra, cada vez más altos,
extendiéndose a lo largo de toda la línea oriental", concluye.
Una ocupación ilegal
Según el derecho
internacional humanitario, una ocupación militar debe ser una situación
temporal: una administración provisional de un territorio hasta su devolución.
La opinión
consultiva emitida por la Corte Internacional de Justicia en julio de 2024 fue
más lejos que cualquier pronunciamiento anterior al concluir que la ocupación
israelí del territorio palestino es, en sí misma, ilegal. Además, instó a los
Estados a abstenerse de prestar ayuda o asistencia que contribuya a mantener
esa ocupación.
En ese contexto,
una barrera construida para perdurar más allá de un alto el fuego, que ya
atraviesa más de la mitad de Gaza y separa a más de dos millones de palestinos
de tierras que Israel sigue ocupando, constituye un paso hacia una anexión de
facto considerada ilegal por el derecho internacional.
De acuerdo con
los principios consolidados sobre la responsabilidad de los Estados, aquellos
países que continúan suministrando armas o brindando cobertura diplomática a
Israel mientras se expande esa barrera no son meros observadores del proceso.
Por el contrario,
pueden verse implicados en el mantenimiento de esa situación, conforme al
principio jurídico que establece la responsabilidad internacional de los
Estados que facilitan o contribuyen a la comisión de actos internacionalmente
ilícitos por parte de otro Estado.
"Los israelíes se
llevaron todo. Destruyeron los árboles, las piedras, a la gente... No quedó
nada", lamenta Khader.
"El mundo cree que la guerra ha terminado y
que existe una tregua, pero, por desgracia, no es así".
"Los
israelíes transmiten al mundo la impresión de que vivimos con normalidad y
prosperidad, cuando la realidad es que la guerra continúa y cada día siguen los
bombardeos y las muertes", añade.
Por su parte, el
ejército israelí sostiene que la barrera y la denominada "zona de
seguridad" tienen como objetivo impedir infiltraciones y proteger a sus
tropas.
Sin embargo, no
ha precisado hasta dónde se extenderán las obras.
Así, lo que en
principio debía ser una línea destinada a delimitar un alto el fuego empieza a
asemejarse a una frontera impuesta unilateralmente, levantada mientras la
comunidad internacional observa su avance a través de imágenes satelitales y,
por ahora, hace poco para impedirlo.
"Hacemos un
llamamiento a la comunidad internacional para que encuentre una solución.
Queremos vivir como cualquier otra persona, con seguridad y dignidad. Vinimos
aquí buscando refugio, pero esto no es vida; aquí la vida ha
desaparecido", afirma Ali.
"Cada día,
la ocupación israelí avanza un poco más dentro de Gaza”.
"No hay esperanza de
que los israelíes se retiren o abandonen estas zonas. Siguen avanzando y
apropiándose de más territorio. Y toda la tierra que están ocupando, no creo
que vuelvan a dejarla jamás".




