Al menos ocho palestinos murieron y otros 20
resultaron heridos este
viernes cuando un dron israelí bombardeó una concentración de civiles durante
el funeral de un palestino que había sido asesinado horas antes por las fuerzas
israelíes en el campamento de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza,
pese al alto el fuego vigente.
El ataque se
produjo en la zona del mercado de Al Balata, donde decenas de personas se
habían reunido para despedir al fallecido. Según informó el Hospital Al Awda,
el bombardeo dejó ocho muertos y una veintena de heridos, que fueron
trasladados al centro sanitario tras el impacto.
De acuerdo con
testigos citados por la agencia de noticias Anadolu, el dron israelí alcanzó a los asistentes cuando esperaban frente a la
mezquita Ahmad Yassin el inicio del cortejo fúnebre. El funeral correspondía a
un palestino que había sido asesinado previamente por las fuerzas israelíes, lo
que convirtió la ceremonia en un nuevo escenario de violencia.
Poco después del
ataque, las redes sociales comenzaron a difundir imágenes de la masacre, en las
que podían verse cuerpos tendidos sobre el asfalto y numerosos heridos
cubiertos de sangre, mientras familiares y vecinos trataban de auxiliar a las
víctimas entre escenas de caos y desesperación.
En este contexto,
la Oficina de Medios del Gobierno de Gaza denunció que el Ejército israelí ha matado a más de 25 palestinos en las últimas 72
horas en ataques dirigidos contra mercados, funerales, concentraciones de
civiles y viviendas.
En un comunicado,
el organismo aseguró que sigue "con profunda preocupación la escalada
criminal sistemática perpetrada por el Ejército de ocupación israelí contra
civiles desarmados en Gaza, en abierta violación de todos los acuerdos,
convenciones y del derecho internacional humanitario".
Asimismo, sostuvo
que "las matanzas y el genocidio
continúan intensificándose mediante una política de bombardeos contra mercados populares, funerales, reuniones pacíficas de
civiles y apartamentos residenciales considerados seguros, sobre las
cabezas de sus habitantes".
A juicio de la
institución, estos ataques "consolidan una política de terrorismo dirigida contra toda forma de vida en
Gaza", al considerar que los bombardeos se han extendido a espacios donde
la población civil busca refugio o trata de despedir a sus muertos.
El bombardeo se
produjo, además, en medio de las continuas denuncias de incumplimiento del alto
el fuego que, según las autoridades gazatíes, Israel mantiene desde la entrada
en vigor del acuerdo el 10 de octubre de 2025.
El bombardeo se
produjo, además, en medio de las continuas denuncias de incumplimiento del alto
el fuego que, según las autoridades gazatíes, Israel mantiene desde la entrada
en vigor del acuerdo el 10 de octubre de 2025. De acuerdo con el Ministerio de
Salud de Gaza, desde entonces 1.127 palestinos han muerto y otros 3.643 han resultado
heridos en ataques israelíes. El organismo añade que, desde el inicio de la
ofensiva israelí el 8 de octubre de 2023, el balance asciende a 73.250 muertos
y 173.751 heridos, mientras que cerca del 90% de la infraestructura civil del
enclave ha quedado dañada o destruida.
Las masacres: “una cuestión rutinaria”
Por otro lado, un
reporte del diario israelí Haaretz afirmó que la muerte de niños en Gaza se ha
convertido en una "cuestión rutinaria". Según el periódico, desde la
entrada en vigor del alto el fuego el 10 de octubre de 2025 han muerto 274
menores palestinos, lo que equivale a un
niño asesinado cada día, en promedio.
El rotativo añade
que, desde el inicio de la ofensiva israelí el 8 de octubre de 2023, más de
21.000 niños han perdido la vida. La mayoría murió en bombardeos aéreos,
mientras que otros fallecieron por disparos de francotiradores, el derrumbe de
edificios o heridas causadas por metralla.
Asimismo, Haaretz
señala que numerosos menores han muerto por heridas que el colapsado sistema
sanitario gazatí ya no puede tratar, así como por hambre y enfermedades
derivadas de la crisis humanitaria, aunque estos casos no figuran en el balance
oficial de víctimas mortales.
El diario también
describe el agravamiento de la crisis humanitaria en el enclave, donde
alrededor de 1,7 millones de personas continúan viviendo en tiendas de campaña
sin acceso estable a electricidad, agua corriente o saneamiento. A ello se suma
la proliferación de ratas y mosquitos, la expansión de enfermedades infecciosas
y el aumento de afecciones cutáneas, agravadas por las altas temperaturas y las
precarias condiciones de los campamentos.




