La Ley actual
establece que, la editorial cuando produce un nuevo libro en el mercado, el precio
de venta es en función de lo que cuesta hacer el libro. “Ese precio de venta
incorpora el pago de todas las partes de la cadena, desde los autores,
ilustradores y traductores, para que el libro salga al mercado”.
“Después ese precio, lo que dice la ley es que
el precio que pone la editorial o el importador se tiene que respetar en todo el territorio argentino”.
La Ley
25.542 vigente desde el 2002, establece que un libro debe costar lo mismo en cualquier
punto de venta del país. “Tanto España, como Francia y México tienen el mismo
tipo de ley. Lo que produce esto, es que los distintos actores de
comercialización de la cadena del libro, tenemos que competir mediante otras
herramientas que no sean los ‘super descuentos’, o lo que vendría a ser
competencia desleal”.
“Si la ley
se desregula, otros factores que estarían por fuera como las cadenas de
supermercados, o las super tiendas online como Mercado Libre, para los cuales
el libro no representa un producto importante dentro de su cartera de
productos, sino que ellos tendrían la posibilidad de vender a margen negativo, y
en dos o tres años eliminan la competencia, se transforman en un monopolio,
concentran el mercado, y después los precios vuelven a subir”.
¿Hay necesidad de modificar la ley?
“Eso es lo
que todos nos planteamos, ¿no? Es una de las cosas que funcionan bien, no
generan costos. Entonces no se entiende bien cuál es la idea. En realidad, lo
único que se puede pensar es que, justamente lo que están intentando es que sea
negocio para otros actores que hoy están por fuera de la cadena del libro”.
“Uno de los
efectos positivos que tiene esta ley, es que se genera en todos los países que la
tenemos, mucha diversidad de publicaciones. Lo que hace simplemente es proteger
el libro, no solo por su valor como bien comercial de intercambio, sino
considerándolo como también transmisor de cultura y de conocimiento”.
“Argentina
tiene una bibliodiversidad que no la tiene prácticamente nadie en América
Latina, lo mismo que México, y los países que tienen la ley son los que tienen
industrias editoriales más fuertes. Al no competir por precio, competimos por
diversidad, competimos por atención, competimos por cercanía con el cliente y
todo eso funciona”.
Los
beneficiados por este cambio
“Desregular
lo que produce es concentración del mercado. Básicamente, el que más espalda
financiera tenga va a poder salir a vender más barato y llevarse puesta a la
competencia. Eso es lo que termina pasando”.
El papel
que cumplen hoy las librerías independientes en ciudades como Comodoro
Rivadavia
“Nosotros,
las librerías pequeñas al competir por diversidad, lo que hacemos es ofrecer
algo diferente al cliente, y al estar en cercanía con nuestros lectores, los
conocemos, vamos sabiendo qué es lo que les gusta, podemos ofrecer de manera
diferente a lo que haría un algoritmo”.
“La
industria editorial argentina es muy amplia, es muy rica, y nosotros, todos los
libreros pequeños, nos vamos especializando en ella, y conociendo los distintos
recovecos que tiene, y a partir de ahí podemos también ofrecer”.
Librería Real
tiene años en la ciudad, ya bajo la tercera generación que continua con esta
labor.
Resistencia ante la desregulación
“En principio
el proyecto este está presentado en la Cámara Alta del Senado, está en el
momento en el que los senadores tienen que salir a ver y hablar con gente
especializada en el tema y distintos actores de la cadena del libro para ver
qué se opina sobre esto”.
“El rechazo
es bastante unánime, desde importadores pasando por distribuidores, grandes
cadenas y librerías pequeñas, estamos todos en contra, incluso los mismos
autores. Lo que hay que esperar es ahora que los que tienen que hacer su
trabajo vean realmente que la gente del sector está en contra y que tomen las
decisiones pertinentes”.
“Las
librerías tenemos también redes internas para comunicarnos entre nosotros desde
distintos puntos del país y estamos todos abogando por lo mismo, para que esto
no prospere”.




