El accidente de tránsito protagonizado por la exfuncionaria de La Libertad Avanza Eugenia Rolón destapó una doble irregularidad: conducir con un nivel de alcohol en sangre de 1.89 gramos por litro y hacerlo en un vehículo que acumula $870.000 en multas impagas a nombre de su pareja, el influencer Iñaki Gutiérrez, conocido como “la Pepona”.
El siniestro ocurrió minutos antes de las 9 de la mañana del jueves 8 de enero, en la calle Rivadavia al 400. Según el reporte policial, Rolón realizaba “maniobras peligrosas” antes de perder el control y estrellar el Honda Fit contra un poste de luz. Una cámara de seguridad captó el momento exacto del choque a las 8:57 horas.
Al llegar al lugar, la policía confirmó que el vehículo estaba registrado a nombre de Gutiérrez, quien además es responsable de una abultada deuda en infracciones de tránsito. Fue el propio influencer quien debió presentarse en la comisaría para retirar a Rolón, de 23 años, luego de su detención momentánea.
Contraste entre el discurso y la realidad
El episodio generó un fuerte contraste con la imagen pública de la pareja, que suele promover el respeto a la ley y el orden desde sus redes sociales. Rolón y Gutiérrez formaron parte del equipo de comunicación digital del presidente Javier Milei durante los primeros meses de gobierno, pero fueron desplazados luego de que Gutiérrez publicara por error una foto personal desde la cuenta oficial de la Casa Rosada.
Mientras Gutiérrez logró reinsertarse trabajando en la cuenta de TikTok del Presidente bajo la dirección de Santiago Oría, Rolón intentó una carrera política en solitario, postulándose como candidata a convencional constituyente en Santa Fe, aunque sin éxito.
Antecedentes polémicos
La exfuncionaria ya había generado controversia durante aquella campaña, al recorrer la provincia en un Ford Falcon verde prestado por su padre, un vehículo asociado simbólicamente a la última dictadura militar, lo que fue interpretado como una reivindicación política provocadora.
Ahora, el accidente en Mar de Ajó la deja expuesta no solo a las consecuencias penales por conducir en estado de ebriedad, sino también a las irregularidades administrativas del vehículo que manejaba, profundizando su perfil polémico y alejándose aún más del discurso de legalidad que predica públicamente.
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