Las palabras provocadoras y de tono severo
volvieron a protagonizar el cruce de mensajes entre Estados Unidos e Irán,
marcando una antesala de alta tensión para su diálogo nuclear de este jueves en
Ginebra.
Aprovechando parte de su extenso discurso
sobre el Estado de la Unión –que rompió
récords a ser el más largo en la historia–, el presidente Donald Trump
insistió este miércoles en la retórica que durante meses ha manejado frente a
Teherán. Reiteró que prefiere la vía diplomática, pero lanzó que “jamás permitirá” que tenga “un arma nuclear”. Declaraciones a las
que Irán le salió rápidamente al paso destacando que son “grandes mentiras”. Misma
calificación que usó para los comentarios de Trump sobre sus misiles que
supuestamente pueden “amenazar Europa”.
Ante el Congreso, el mandatario
estadounidense confirmó que Washington mantiene conversaciones activas con
Teherán, mencionando su “preferencia” a una solución dialogada. “Estamos en
negociaciones con Irán, y ellos quieren llegar a un acuerdo”, sostuvo Trump.
Pero no pasó mucho tiempo antes de que arremetiera contra las supuestas armas
nucleares iraníes: “Nunca permitiré que (...) tengan un arma nuclear. No puedo
dejar que eso suceda”.
Durante mucho tiempo Teherán ha sostenido
que su programa nuclear es de carácter
pacífico, tiene fines civiles y no busca desarrollar un arma nuclear. Aun
así, Trump mencionó en su discurso que Irán ha desarrollado “misiles que pueden amenazar a Europa y a
nuestras bases en el extranjero, y ya están trabajando para construir misiles
que pronto alcanzarán Estados Unidos”.
A lo que se suma que Trump no pasó por alto
las protestas que en enero sacudieron Irán y que se convirtieron en el
detonante para que Washington reiterara sus presiones. “Y en tan solo los
últimos meses, con las protestas, han asesinado al menos, según parece, a
32.000 manifestantes, 32.000 en su propio país. Les dispararon y los ahorcaron.
Les impedimos ahorcar a muchos con amenazas de violencia grave”, lanzó. El tema
de las protestas ha generado distancias entre ambas partes, pues Teherán acusa
a EE.UU. y a Israel de instigarlas.
Por lo que, como era previsible anticipar,
los comentarios de Trump generaron malestar en Irán, que respondió en cuestión
de horas. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmail Baqai,
calificó severamente los comentarios de “grandes mentiras”.
“Todo
lo que aseguran en relación con el programa nuclear de Irán, los misiles
balísticos iraníes y el número de víctimas durante los disturbios de enero es
simplemente la repetición de ‘grandes mentiras’. Nadie debería dejarse engañar
por estas falsedades evidentes”, escribió Baqai en
X.
El portavoz afirmó además que estas
declaraciones forman parte de una campaña sistemática de desinformación
promovida por el Gobierno de EE.UU. y por actores interesados en incrementar la
presión sobre Irán, incluido Israel. La respuesta incluyó hasta la mención de
la infame frase célebre sobre cómo una mentira repetida con frecuencia se
convierte en verdad.
Previamente, el martes, el ministro de
Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Aragchi, había afirmado que existe una “oportunidad histórica” para lograr un
entendimiento que atienda las preocupaciones de ambas partes. En una
publicación en la red social X, sostuvo que el acuerdo está “al alcance de la
mano”, siempre que se priorice la diplomacia.
De hecho, en la misma publicación, recordó
que Irán "bajo ninguna circunstancia
desarrollará un arma nuclear", pero insistió en que tienen derecho a
beneficiarse de la tecnología nuclear para fines civiles.
Las declaraciones se producen en vísperas
de una tercera ronda de conversaciones indirectas entre ambos países, mediadas
por Omán y previstas en Ginebra, Suiza, este jueves 26 de febrero. El diálogo
se desarrolla en un contexto de fuerte despliegue militar estadounidense en
Oriente Medio, con buques de guerra, aviones de combate y aeronaves de
reabastecimiento que, según Washington, mantienen “todas las opciones sobre la
mesa” y preparan el terreno ante una eventual ofensiva si Trump diera la orden.




