La diputada Vanina Biasi participó este viernes del Abrazo al Garrahan y realizó un fuerte análisis de la coyuntura política, marcada por el avance de la reforma laboral y la modificación de la Ley de Glaciares en el Congreso. En diálogo con Carlos Ojeda para La Constructora FM 103.3, Biasi sostuvo que “la democracia ya no existe en la Argentina” y llamó a “autoorganizarse en cada barrio”.
“El cierre de fábricas no se detiene”
La legisladora advirtió que el país atraviesa “un momento bisagra en la historia del movimiento obrero”, con cientos de trabajadores siendo víctimas de una política económica que beneficia “a un sector muy reducido de las patronales: el energético, el financiero y el agro”. En ese marco, destacó la lucha de los trabajadores del hospital Garrahan, a quienes definió como “la vanguardia de la pelea contra las políticas gubernamentales”.
Persecución sindical y crítica a la CGT
Biasi denunció que el gobierno persigue a los sindicalistas combativos mientras “no toca a ningún burócrata sindical tradicional”. “Se llenan la boca hablando de castas, pero no tocan a los que siempre negociaron”, afirmó, y cuestionó duramente a la CGT: “Si le preguntamos a los trabajadores, es la institución más odiada”.
“No hay división de poderes ni libertad de expresión”
La diputada del FIT fue categórica al referirse al estado de la democracia: “Tal como nos la vendieron, ya no existe. No hay división de poderes, no hay independencia judicial. A través de leyes se modifican fueros para armar el poder a imagen y semejanza de la política económica del gobierno”. También denunció persecución por sus opiniones y falta de libertad de expresión.
Responsabilidades políticas y nuevos liderazgos
Biasi apuntó contra sectores del radicalismo, mileísmo, macrismo y peronismo por “entregar los principios democráticos”. Mencionó el caso de Lucía Corpacci, vicepresidenta del PJ Nacional, como parte de quienes facilitarían el avance de la ley de glaciares en el Senado.
Finalmente, sostuvo que desde las calles están surgiendo nuevos liderazgos como los de los trabajadores del Garrahan o de fábricas como FATE, que “ponen en evidencia la crisis” y representan “un sindicalismo combativo, antiburocrático, que no se vende”.

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