La inteligencia artificial avanza más
rápido de lo que los gobiernos pueden seguirle el paso. Hace apenas unos años,
podía responder preguntas o generar texto. Hoy puede escribir código
informático, analizar enormes cantidades de datos, crear imágenes y videos
realistas, ayudar a los científicos a descubrir nuevos medicamentos y, cada vez
más, actuar por sí sola con poca supervisión humana.
Sin embargo, mientras las capacidades de la
inteligencia artificial se aceleran, los expertos señalan que las normas
destinadas a garantizar su uso seguro tienen dificultades para mantenerse al
día.
Esa es la conclusión del informe preliminar
del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial
de la ONU, presentado el miércoles.
El informe advierte que la oportunidad para
establecer una gobernanza mundial eficaz sigue abierta, pero podría no
permanecerlo por mucho tiempo.
¿Por
qué importa?
La inteligencia artificial podría
convertirse en una de las tecnologías más transformadoras para la humanidad.
Utilizada de forma responsable, podría
acelerar los avances hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible al mejorar la
atención sanitaria, la educación, la investigación científica, la agricultura y
la accesibilidad para las personas con discapacidad.
Pero, sin salvaguardias, la misma
tecnología podría profundizar las desigualdades, difundir desinformación,
amenazar los derechos humanos, alterar los mercados laborales y poner potentes
sistemas de inteligencia artificial en manos de muy pocos gobiernos y empresas.
El desafío, según el informe, es encontrar
una forma de aprovechar los enormes beneficios de la inteligencia artificial y,
al mismo tiempo, prevenir sus crecientes riesgos.

Un
ritmo de desarrollo extraordinario
Las capacidades de la inteligencia
artificial han avanzado a un ritmo extraordinario en los últimos años.
Nuevas y potentes redes de computación,
enormes cantidades de datos para el entrenamiento y técnicas mejoradas de
inteligencia artificial han producido sistemas capaces de mantener
conversaciones fluidas, razonar sobre cuestiones científicas complejas,
desarrollar programas informáticos y crear imágenes, audios y videos muy realistas.
En lugar de limitarse a responder
instrucciones, los “agentes” de inteligencia artificial pueden cada vez más
planificar tareas, usar herramientas digitales, escribir programas y completar
encargos complejos con poca o ninguna supervisión humana.
Según el informe, los investigadores
afirman que la complejidad de las tareas que estos sistemas pueden completar se
han duplicado cada pocos meses.
Los
beneficios: ¿Qué puede hacer la inteligencia artificial?
El informe de la ONU destaca una lista cada
vez mayor de avances concretos.
Avances
médicos: La inteligencia artificial ha predicho las
estructuras de más de 200 millones de proteínas y ha acelerado el
descubrimiento de medicamentos, el desarrollo de vacunas y la investigación
sobre la resistencia a los antibióticos.
Mejor
atención sanitaria: Los médicos utilizan
inteligencia artificial para detectar antes enfermedades como el cáncer de
mama, mientras que trabajadores de la salud en países en desarrollo emplean
herramientas de inteligencia artificial en idiomas locales para mejorar la
atención a los pacientes.
Seguridad
alimentaria: Los sistemas de alerta temprana
impulsados por inteligencia artificial ayudan a identificar la inseguridad
alimentaria antes de que se convierta en una crisis.
Mejorar
la vida de las personas: La inteligencia artificial
apoya la investigación científica, hace que la tecnología sea más accesible
para las personas con discapacidad y amplía las posibilidades de educación
personalizada y apoyo en materia de salud mental.
El panel subraya que no se trata de
posibilidades futuras: ya están ocurriendo.
Los
riesgos: ¿qué preocupa a los expertos?
La misma tecnología también está creando
nuevos peligros.
Abusos
en internet: Está impulsando la difusión de
material de abuso sexual y de montajes sexuales explícitos generados
digitalmente, con mujeres y niños entre los grupos más expuestos.
Desinformación: Puede generar información falsa tan convincente como la verdadera,
socavando la confianza en el debate público y la democracia.
Delincuencia: Los criminales utilizan inteligencia artificial para llevar a cabo
ciberataques, fraudes y estafas basadas en técnicas de manipulación
psicológica.
Salud
mental: Algunos sistemas pueden reforzar creencias
o comportamientos perjudiciales y contribuir a crisis de salud mental, incluido
el suicidio.
Pérdida
de control: A medida que esta tecnología se vuelve
más autónoma, los expertos advierten que podría ser más difícil supervisarla y
regularla sin salvaguardias más sólidas.
Impacto
ambiental: Los centros de datos que consumen
grandes cantidades de energía para alimentar la inteligencia artificial
contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero que impulsan el
calentamiento global.
Un estudiante con discapacidad visual en Uganda utiliza un dispositivo de asistencia para leer y grabar las lecciones.
¿Quién
se beneficia y quién podría quedar atrás?
La revolución de la inteligencia artificial
está lejos de ser equitativa.
Aunque se utiliza en todo el mundo, el
acceso sigue estando fuertemente concentrado en los países desarrollados.
El informe señala que Estados Unidos posee
alrededor de tres cuartas partes de la capacidad informática que respalda a las
principales supercomputadoras de inteligencia artificial del mundo, mientras
que China representa alrededor del 15%, lo que da a ambos países cerca del 90%
de esa capacidad combinada.
La mayoría de los modelos de inteligencia
artificial más avanzados también son desarrollados por empresas radicadas en
esos dos países.
Muchos países en desarrollo carecen de la
infraestructura informática, los conocimientos técnicos, los datos, la
inversión y los recursos en lenguas locales necesarios para beneficiarse
plenamente de la inteligencia artificial.
Como resultado, a menudo dependen de
tecnologías que no pueden desarrollar, inspeccionar, auditar ni adaptar a sus
propias sociedades.
El panel advierte que, si estas brechas no
se abordan, la inteligencia artificial podría reforzar las desigualdades
mundiales existentes en lugar de reducirlas.
¿Por
qué la inteligencia artificial necesita regulación?
Según el panel de la ONU, los sistemas
actuales de gobernanza no fueron diseñados para una tecnología que evoluciona a
esta velocidad.
Los gobiernos enfrentan lo que los expertos
describen como un “dilema de evidencia”: los responsables de formular políticas
necesitan datos científicos fiables antes de introducir regulaciones, pero para
cuando existe suficiente evidencia, la tecnología puede haber avanzado de
nuevo.
Aunque ya existen más de 40 marcos de
gobernanza y directrices éticas sobre inteligencia artificial en distintas
partes del mundo, siguen siendo fragmentados, inconsistentes y rara vez se
ponen a prueba para comprobar si realmente funcionan.
Muchas evaluaciones de seguridad también
son realizadas por las propias empresas que desarrollan la tecnología.
El informe concluye que se necesitan
evaluaciones independientes más sólidas, cooperación internacional y normas
comunes para garantizar que los sistemas de inteligencia artificial sean
seguros, transparentes y estén sujetos a rendición de cuentas.
Al mismo tiempo, los países necesitan
invertir en infraestructura digital, educación, conocimientos técnicos e
instituciones para poder regular y desplegar estas tecnologías en sus propios
términos.
¿Qué
está haciendo la ONU al respecto?
Las Naciones Unidas apoyan una nueva
arquitectura internacional para ayudar a los países a tomar decisiones
informadas sobre la inteligencia artificial.
En 2025, la Asamblea General de la ONU creó
el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial,
integrado por 40 expertos de todas las regiones del mundo que actúan a título
personal.
La función del panel es científica, no regulatoria.
Evalúa periódicamente la evidencia más reciente sobre las oportunidades, los
riesgos y los impactos de la inteligencia artificial, y produce informes
independientes que los gobiernos pueden utilizar al elaborar políticas
El trabajo del panel alimentará el Diálogo
Mundial de la ONU sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, que
comenzará en Ginebra el 6 de julio de 2026, donde los Estados Miembros
debatirán enfoques internacionales para gestionar esta tecnología.
En
resumen
El panel científico es claro: la
inteligencia artificial no es buena ni mala por naturaleza.
Su impacto dependerá de las decisiones que
tomen hoy los gobiernos, las empresas y las sociedades.
La tecnología ya está transformando la
ciencia, la atención sanitaria, la educación y las economías de todo el mundo.




