Esta tradición ancestral heredada de los milenarios pueblos originarios representa también la fecundidad y el hogar, la protección y la existencia. No hace falta estar en la Quebrada de Humahuaca para conectar y rendir tributo a la Madre Tierra. Desde cada lugar se pueden realizar ofrendas, entregando a la tierra alimentos y sahúmos para purificar y alimentar y agradecer a la Pachamama. Se puede cavar un pozo, ofrendar comida y vino, y agradecerle al mismo tiempo que ese agradecimiento se torna recíproco.
Es innegable que esta ceremonia se actualiza y se encuentra arraigada al presente. El crecimiento de los reclamos por la protección del ambiente en los últimos años parte de una premisa similar: la protección de la Madre Tierra, del hogar del ser humano y todas las especies. La comprensión de que dañando al planeta la sociedad se hace daño a sí misma, es una idea que ya se percibía en las tradiciones ancestrales. Comprender que extrayendo los recursos sin ningún tipo de control, generando residuos masivamente e intoxicando los ecosistemas, se intoxica y lastima al propio ser humano, de alguna manera se asemeja con la visión de cuidar a la Madre Tierra para que siga proveyendo de abundancia, agua y fertilidad. Porque lastimados los suelos, desertificados los humedales, incendiados los bosques y contaminadas las aguas y los aires, no hay futuro de abundancia previsible para ninguna especie.
La conexión entre la naturaleza y el ser humano también se actualiza cuando se piensa en los grandes núcleos urbanos. Ciudades urbanizadas, megalópolis que siguen creciendo, son muchas veces vistas como la excepción al mundo natural. Como si existiera alguna línea divisoria entre la Cordillera de Los Andes y el Área Metropolitana de Buenos Aires. En el AMBA no se queman bosques y los residuos tal vez terminen en un relleno sanitario, pero se incendian hogares y la contaminación de las cuencas hídricas afectan a miles de vidas diariamente. El hiperconsumo fomentado en estos núcleos tiene la misma raíz que las quemas de pastizales para aumentar las ganancias productivas, y la naturalización de la desigualdad tiene -en esencia- el mismo génesis que la extracción nociva de los recursos.
La naturaleza es vista, muchas veces, como una herramienta al servicio del ser humano, desacoplada de éste, utilizada con finalidades que lejos están de lograr una mayor igualdad de calidad de vida y oportunidades en la sociedad. Ante la cosmovisión moderna, especialmente occidental, del desarraigo cultural y natural con la Madre Tierra, el primer día de agosto recuerda la importancia de entender al entorno y al planeta en unidad. Donde la interconexión de las especies y los ecosistemas es la regla, donde el equilibrio es necesario y estructural para el ciclo. Cada año pasan las estaciones, los incendios se agravan, la desigualdad aumenta, y la lucha social y ambiental toma mayor notoriedad. El día de la Pachamama puede servir, en este sentido, para traer al presente la noción de que un ambiente sano es condición indispensable para una sociedad sana.
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