Hay momentos donde el fútbol deja de ser solo un juego para convertirse en una cuestión del alma. Esa frontera es la que cruzó Alfredo Faisca, un vecino de Kilómetro 14 en Comodoro Rivadavia, cuya imagen arrodillado en plena estepa patagónica, rezando de espaldas al partido mientras Argentina peleaba la clasificación, conmovió a un país entero.
El video, grabado por un vecino llamado Martín Isaac, corrió como reguero de pólvora en las redes sociales. Sin embargo, detrás de esa captura hay una historia profunda de fe, frío extremo y cábalas inquebrantables que Alfredo se encargó de reconstruir en diálogo con La Constructora 103.3.
La travesía mística de Alfredo no nació contra los ingleses. “Nosotros los argentinos tenemos un plan B”, confesó en los micrófonos de La Constructora. “El plan A es cuando sale todo perfecto: hacés el asado, nos abrazamos en casa. Pero cuando no estamos tan bien, hay que salir a pedir. Yo sé que a mí me escuchan”.
Ese “Plan B” se activó por primera vez en la fase de grupos contra Cabo Verde. El partido venía cuesta abajo, el frío calaba los huesos en una noche con temperaturas bajo cero y escarcha en el parabrisas. Alfredo se abrigó, manoteó su Biblia, su rosario y manejó hasta la rotonda de Kilómetro 12. “Me congelé las manos, pero el sentimiento era el doble porque pensaba en el frío que sintieron nuestros muchachos en las islas”, rememoró emocionado.
La historia se repitió ante Egipto en el minuto 70, cuando la Selección caía 2-0. Alfredo repitió el ritual de manera obsesiva: misma campera, mismo pantalón, idénticas zapatillas y el mismo rincón en la rotonda del Soldado Héctor Bordón. Apagó el motor, apagó la radio y se sumergió en el silencio patagónico. Volvió a funcionar..png)
Cuando llegó el trascendental cruce de semifinales contra Inglaterra, Alfredo sabía que la carga emocional era diferente. “Es como un River-Boca, pero mucho más pesado porque nosotros tenemos nuestras Malvinas”, explicó.
Por eso, cuando el marcador se puso adverso, no lo dudó: a los 60 minutos del partido agarró su camioneta ploteada con la figura de Lionel Messi y partió hacia el monumento frente al aeropuerto, un sitio con una carga histórica muy fuerte vinculada a la gesta del Atlántico Sur.
Allí se arrodilló de espaldas a la ruta. Fue en ese momento cuando apareció Martín Isaac, un maratonista comodorense al que Alfredo no conocía. “Me bajó el vidrio y me gritó: ‘¡Quedate ahí, por favor, quedate ahí!’. Yo no sabía ni cómo íbamos”.
Bajo el frío, Isaac se convirtió en el mensajero del milagro. Cuando llegó el empate, abrió la puerta de su auto y gritó con el alma. “Me gritaba: ‘Faltan cinco minutos, no te muevas’. Cuando metimos el gol del triunfo, se cruzó, nos abrazamos, lloramos en el piso. Fue algo único, inexplicable”, relató Alfredo.
El impacto de la escena fue tal que el teléfono de Alfredo no paró de sonar. Entre tantas llamadas de conocidos y radios locales, entró un número desconocido.
“Me llaman y me dicen: ‘¿Puedo hablar con Rodolfo Barili?’”, contó entre risas en La Constructora. Al principio, Alfredo pensó que se trataba de una broma o que lo llamaban de una emisora local: “Se me cruzó Carlos Omar y pensé que me cargaban. Pero cuando me pasaron el retorno, escuché esa voz inconfundible... ¡era Barili de Telefe!”.
Con la final contra España a la vuelta de la esquina, el “rezador de Comodoro” anhela poder vivir el partido de otra manera. “Dios quiera que el domingo pueda sentarme en casa y ver los 90 minutos con mi señora y unos mates”, anheló.
Sin embargo, la advertencia para el plantel argentino ya está hecha. Alfredo e Isaac ya agendaron sus números de teléfono y pactaron un punto de encuentro.
Si las papas queman y el “Plan A” falla, la rotonda del Soldado Bordón volverá a tener a su guardián arrodillado, con la Biblia en la mano, empujando con la fe que solo un argentino puede tener.
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