El microsatélite argentino ATENEA participo en la misión Artemis II de la NASA, al respecto, Martin Salibe, técnico del Conicet en el Instituto Argentino de Astronomía participo del equipo ATENEA.
La perspectiva del IAR
El IAR (Instituto
Argentino de Radioastronomía) trabaja con la CONAE desde hace 26 años es. “En
el 2000 se formalizó la parte de transferencia y vinculación tecnológica del
Instituto Argentino de Astronomía, y ahí empezamos a trabajar en lo que fue el
SAC-B, que fue un satélite de CONAE, y trabajamos en toda la serie SAC”.
La serie SAC,
cuenta con SAC-A, SAC-B, SAC-C y SAC-D. “Con el SAC-D entre al instituto y formé
parte, el SAC-D ya era un satélite en conjunto con la NASA. La gestión de toda
la parte espacial es por CONAE y se apoya mucho en la Agencia Espacial
Argentina, en la empresa privada y en el sistema estatal en universidades públicas
y en institutos de investigación, como es nuestro caso”.
El SAC-D
“Fue un satélite de
4 toneladas para medir la salinidad del mar, un satélite grande. Después trabajamos
con la CONAE y con el diseño original de la antena de radar del SAOCOM, que es
una constelación de satélites. El IAR hace mucha historia, porque nosotros
desde la Tierra miramos al espacio, y CONAE desde el espacio mira a la Tierra, pero
a través de radiofrecuencia e imagen, entonces es muy cercano a lo que hacemos”.
“En el 2000 se
decidió abrir formalmente un departamento dentro de la institución de
transferencia de tecnología, y ahí participamos en todos estos satélites, así
fue como llegamos a este”.
La experiencia en trabajar con la NASA
“La NASA es un
ente más, si tiene es una maquinaria de propaganda enorme y son muy
profesionales, pero yo creo que la ciencia argentina, los institutos y universidades
argentinas están al mismo nivel que la NASA, porque son mortales igual que
nosotros y tienen los mismos problemas que nosotros. Lo que sí tienen ya una
trayectoria espacial mucho más grande, pero no dejan de ser mortales”.
“Se eligió a
Argentina dentro de 60 posibilidades que tenían precisamente porque ya hemos
trabajado con ellos y hemos trabajado con muy buen resultado. Entonces, es un
poco la herencia que teníamos”.
El trabajo de ciencia avanzada en el país
“Es tecnológicamente
alcanzable porque los costos de lanzamiento del sector espacial bajaron
muchísimo. El ‘nuevo espacio’ son satélites chicos, porque la electrónica se
achicó, se miniaturalizó. Lo que antes precisabas todo un sistema enorme, hoy
se hace adentro de un chip. Entonces, facilita muchísimo todos los sistemas de
teledetección y eso es una de las grandes ventajas que tiene trabajar en esta
época en el espacio”.
“Se ha buscado
oportunidad para muchas empresas, muchas entidades y empresas que hoy pueden
llegar a poner satélites en el espacio por bajo costo. Hasta hace poco, éramos
uno de los ocho países en el mundo que podía hacer satélites y eso ya no es tan
así por esto mismo. Porque los costos de lanzamiento son bajos, los costos de
la electrónica son bajos”.
“Creo que el
sector espacial argentino en general, y ahí hablo de los científicos y de los
estudiantes de ingeniería de las universidades, está muy preparado porque no es
una política de gobierno, sino es una política de Estado la parte espacial. Entonces,
las universidades y los institutos y todo, seguimos empujando adentro de las
pocas condiciones que tenemos para hacerlo, adentro de nuestras restricciones,
seguimos empujando para que la Argentina siga estando en el espacio”.
La participación del IAR en la misión
“Nosotros
participamos en toda la parte de comunicaciones, el módulo de comunicaciones lo
desarrolló el grupo del CENIT, que es de la Universidad de La Plata. Ahora,
nosotros le hicimos al CENIT todas las medidas de comunicaciones adentro de
nuestra cámara anecoica”.
“Una cámara
anecoica es como si fuera una sala de ensayo, pero para radiofrecuencia. Nosotros
ponemos el satélite ahí y es como si estuviera en el espacio absoluto. Transmitimos
y medimos cómo se comporta electromagnéticamente la señal llegando a la tierra”.
“Probamos con
unas antenas nuestras sobre esa maqueta del satélite e hicimos la prueba de
precalificación. Entonces, se mandaron a fabricar las antenas que después
volaron. Cuando llegaron las antenas de vuelo, las montamos en la maqueta esa,
medimos al satélite en la parte de comunicaciones, todo desde la transmisión
hasta cómo se decodifica el paquete”.
“Después con
recursos propios montamos una estación terrena en el IAR para trackear el
movimiento del satélite y podía bajar la señal”.
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