El informe muestra
un escenario heterogéneo, aunque con predominio de resultados negativos.
Mientras que el 35% de las compañías mantuvo sus niveles de actividad, solo el
23% informó un incremento productivo. Entre las empresas que sufrieron
retrocesos, la caída promedio alcanzó el 36%, por encima del 31% registrado en
el trimestre anterior.
El relevamiento
abarca distintos segmentos de la actividad industrial: electrónica y energía
representan cada uno el 27% de las empresas consultadas, mientras que baja
tensión e iluminación concentran el 23% respectivamente.
Los resultados
también reflejan un aprovechamiento limitado de la capacidad instalada. El 65%
de las empresas trabajó con una utilización de hasta el 60% de su capacidad
productiva, una señal del margen disponible para incrementar la producción sin
necesidad de ampliar inmediatamente las instalaciones.
En materia
laboral, el 54% de las compañías mantuvo estable su dotación de personal
durante el período analizado. Sin embargo, el 35% redujo su plantel y apenas el
11% incorporó trabajadores, lo que evidencia las dificultades que atraviesa el
sector para sostener y generar empleo.
La estructura
empresarial relevada está integrada principalmente por compañías de tamaño
mediano. El 46% cuenta con entre 11 y 50 empleados. En tanto, el 15% tiene
entre 101 y 200 trabajadores y otro 15% posee menos de 10 empleados. Las
empresas con entre 51 y 100 trabajadores representan el 12%, la misma
proporción que aquellas con más de 200 empleados.
El comercio
exterior también presenta limitaciones. Si bien el 54% de las empresas
relevadas realizó exportaciones durante el período, las ventas internacionales
todavía tienen una participación acotada en la facturación de buena parte de
las compañías.
Entre las firmas
exportadoras, el 57% destina hasta el 10% de sus ventas a los mercados
externos, mientras que para el 29% esa participación se ubica entre el 11% y el
20%.
Por otra parte,
los costos continúan siendo el principal obstáculo para las empresas que no
exportan. El 46% de las compañías consultadas no registró ventas al exterior,
una situación que refleja las dificultades para acceder a mercados
internacionales y ampliar sus canales comerciales.
Las perspectivas
para el cuarto trimestre de 2026 muestran una marcada cautela en las decisiones
de inversión. De acuerdo con CADIEEL, solo el 19% de las compañías prevé
realizar inversiones entre octubre y diciembre, mientras que el 81% no tiene
planes en ese sentido.
Entre los
principales factores que condicionan esas decisiones aparecen la caída de las
ventas y la incertidumbre económica y política. El escenario limita las
expectativas de expansión y lleva a las empresas a priorizar el sostenimiento
de sus operaciones actuales.
En cuanto a la
producción, el 62% espera mantener sus niveles, el 23% proyecta un aumento y el
15% anticipa una disminución. Las previsiones comerciales muestran una
tendencia similar: el 54% estima que sus ventas permanecerán estables, mientras
que el 23% espera una mejora y otro 23% prevé una caída.
La demanda
interna tampoco presenta señales claras de recuperación. El 66% de las
compañías considera que se mantendrá sin cambios durante el último trimestre
del año. En tanto, el 15% espera un incremento y el 19% anticipa una
disminución.
Las expectativas
sobre las exportaciones siguen una tendencia mayoritariamente estable. El 64%
de las empresas proyecta mantener sus ventas externas, frente al 14% que espera
aumentarlas y el 22% que prevé una reducción.
Las proyecciones
laborales para el cierre del año refuerzan el escenario de prudencia. El 81% de
las compañías espera mantener su dotación de personal, mientras que el 8% prevé
incorporar trabajadores y el 11% anticipa nuevas reducciones.
Los datos del
relevamiento de CADIEEL muestran que, pese a las expectativas de estabilidad
para los próximos meses, el sector todavía enfrenta dificultades productivas y
comerciales. La caída registrada por una parte de las empresas, la baja
utilización de la capacidad instalada y la limitada intención de invertir
configuran un escenario en el que la recuperación de la actividad dependerá de
la evolución de las ventas y de las condiciones económicas.

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