Septiembre dejó
una inflación de f1,9%, frente al 1,7% de agosto: una aceleración de 0,2
puntos porcentuales. La persistencia de los aumentos en un escenario de consumo
debilitado pone en discusión los resultados del ajuste económico. La pregunta
excede la evolución del índice: ¿qué alivio reciben los hogares si restringen
sus gastos y los precios siguen subiendo?
Los mayores
incrementos se concentraron en vivienda, agua, electricidad, gas y otros
combustibles, con 3,1%, y Educación, con 3%. También superaron el promedio
Comunicación, con 2,5%; Salud, con 2,4%; y Alimentos y bebidas no alcohólicas,
con 2%. Son gastos difíciles de postergar, lo que reduce el margen de las
familias para reorganizar su presupuesto.
La
inflación núcleo se ubicó en 1,7%. Las consultoras citadas por el diario
señalan una inercia que no termina de quebrarse, incluso con el dólar
contenido. Las actualizaciones por inflación pasada y los ajustes tarifarios
contribuyen a sostener esa dinámica. Para octubre anticipan nuevas presiones de
alimentos y combustibles: se trata de proyecciones, no de resultados
confirmados.
En Patagonia,
el aumento mensual fue del 1,4%, el menor entre las regiones y medio punto
porcentual por debajo del promedio nacional. Gran Buenos Aires y la región
Pampeana registraron 2%; Noroeste y Cuyo, 1,9%; y Noreste, 1,7%. A escala
nacional, el incremento acumulado alcanzó 23,6% en el año y 33,4% en doce
meses, según otra publicación de Página/12 sobre el informe del INDEC.
Para
Comodoro Rivadavia, el indicador regional requiere una lectura cuidadosa: mide
la velocidad de los aumentos, no cuánto cuesta vivir ni si los ingresos
alcanzan. Tampoco constituye una medición exclusiva de la ciudad.
El debate
sobre la estabilidad económica necesita incorporar esa dimensión. Una política
que exige sacrificios debe evaluarse también por sus efectos sobre la vida
cotidiana. El alivio se vuelve concreto cuando el salario permite cubrir los
gastos esenciales y recuperar capacidad de elección.
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