Por Nancy
Cardozo
“Veinte
años no es nada”, dice el tango. Aunque se equivoca: en la memoria, en las
alegrías, en las tristezas y en la vuelta a la alegría, veinte años son una
enormidad. Cual gambeta de zurda privilegiada, seguimos enroscados en el tiempo
porque aquello que no queríamos que llegara, finalmente llegó.
Y entonces
hubo un partido.
Argentina
venció 3 a 0 a Benín en un Monumental colmado. Con un rival que no desmereció
en nada. Messi regaló todavía una última función: dos asistencias, un gol de
penal y ese modo suyo de hacer que el fútbol parezca sencillo. Cerró su
historia en la Selección con 208 partidos y 126 goles.
Aunque
anoche los números importaban poco.
Antes de
que rodara la pelota, Thiago, Mateo y Ciro caminaron junto a su padre hacia el
campo. Después llegó el himno. Messi intentó cantarlo y no pudo. Lloró. También
Scaloni. A esa altura, el Monumental ya había entendido que no estaba
asistiendo solamente a un encuentro de fútbol. Estaba despidiendo una parte de
su propia historia.
Y entonces
habló.
Ya no hablaba el diez, ni el campeón del
mundo, ni el hombre de los récords. Hablaba alguien intentando despedirse de
una parte enorme de su propia vida.
“Es muy
difícil decir algo hoy, son muchas emociones. Lo primero que pienso es en mi
viejo”, dijo. Y desde allí volvió sobre el camino recorrido: las derrotas, las
críticas, las veces que pareció que la historia con la Selección estaba
condenada a quedar incompleta. “Hasta en los peores momentos nunca dejé de
pelear, de luchar, de dar el máximo”.
Quizás por
eso sus palabras sonaron menos a despedida que a balance de una vida. “Jugar en
la Selección argentina es lo más lindo que te puede pasar. Fue lo mejor que me
pasó en la vida”, resumió. También recordó aquel Monumental de 2023, cuando
volvió campeón desde Qatar: “Fue lo más lindo que me pasó”.
Habló
además de quienes caminaron a su lado. “No tengan dudas que todos los
compañeros que tuve siempre dejaron todo por esta camiseta”. Y explicó una
parte del secreto de aquella Selección que aprendió primero a perder y después
a ganar: “Somos un grupo extraordinario y por eso conseguimos todo lo que
conseguimos”.
Entonces
llegó la frase imposible: “Le digo adiós a la Selección, los voy a extrañar, la
voy a extrañar, pero ahora me toca estar de ese lado”.
Y ahí todo
cambió
Durante más de veinte años Messi estuvo de
este lado del alambrado simbólico, dentro de la cancha, cargando expectativas,
frustraciones, críticas, derrotas y finalmente la gloria. Desde ahora, como
dijo él mismo, le tocará estar del otro lado.
Y después …la
familia, juntos al vestuario. Por un instante desaparecieron el capitán, el
campeón y la leyenda. Quedó Lionel.
Tal vez esa
haya sido la última gran imagen: durante más de dos décadas entró a una cancha
llevando sobre los hombros los sueños de millones; esta vez los suyos fueron la
compañía y el apoyo.
Y nosotros
nos quedamos del otro lado, intentando entender cómo será, futbolísticamente, el
día después de mañana.

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