Por Nancy Cardozo
Hay una
competencia que no aparece en los podios: la carrera por conseguir los
recursos necesarios para poder competir.
En los
últimos meses, distintas voces del deporte argentino comenzaron a advertir
sobre las dificultades económicas que atraviesa el alto rendimiento. La
discusión llegó en mayo a la Cámara de Diputados, donde Mario Moccia,
presidente del Comité Olímpico Argentino y del ENARD, describió una situación
“sumamente difícil y preocupante”.
Según
explicó entonces, el organismo disponía de alrededor de 18.400 millones de
pesos, cuando, de haberse aplicado el mecanismo de actualización previsto,
debería contar con aproximadamente 58.400 millones.
La
diferencia se traduce en algo concreto: becas, entrenadores, viajes,
equipamiento y competencias.
Hablan los campeones
En agosto,
José “Maligno” Torres, campeón olímpico de BMX Freestyle en París 2024, puso el
problema en primera persona.
“Hoy es muy
complicado vivir del deporte. La gran mayoría debe tener un trabajo paralelo”, sostuvo. Torres explicó que puede sostener su carrera gracias a
patrocinadores privados, pero aclaró que su preocupación está puesta en los
atletas que vienen detrás: “Se les va a hacer muy cuesta arriba”.
Hace pocos días fueron las Leonas.
La
Selección Argentina femenina de hockey acaba de consagrarse campeona del mundo.
Sin embargo, detrás de la celebración apareció una realidad mucho menos
luminosa.
La capitana
María José Granatto reclamó mayor inversión y recordó que “el deporte es
inclusión, es derecho, es igualdad”.
Victoria
Sauze explicó que las jugadoras reciben una beca estatal, pero que resulta
insuficiente frente a las exigencias económicas de una deportista de elite. Las
Leonas entrenan durante la semana con la Selección y después continúan
haciéndolo en sus clubes, dentro de una disciplina que en Argentina sigue
siendo amateur.
Pero quizás
las imágenes más contundentes surgieron de los relatos cotidianos.
Victoria
Granatto contó que varias jugadoras comen al mediodía en el CENARD porque la
beca no alcanza para afrontar dos comidas diarias.
Y la
arquera Cristina Cosentino reveló que una compañera llegó a vivir durante un
tiempo en el propio CENARD porque no podía afrontar un alquiler.
No estamos
hablando de atletas que todavía buscan reconocimiento.
Estamos
hablando de campeonas del mundo.
El problema que puede aparecer mañana
Laura
Martinel, olímpica, campeona panamericana y entrenadora durante años de Paula
Pareto, sintetizó la situación con una frase: “El deporte argentino está en
pausa”.
Su
advertencia apunta hacia algo menos visible.
Los
resultados actuales todavía pueden sostenerse sobre años de preparación
acumulada. El verdadero impacto puede aparecer en las generaciones que vienen
detrás.
Formar un
atleta de alto rendimiento, explica Martinel, demanda alrededor de doce años.
Doce años
de entrenadores, alimentación, viajes, infraestructura, competencias y
planificación.
Por eso el
deporte no puede administrarse solamente mirando el próximo torneo o
presupuesto.
Cuando el mérito no alcanza
El
sociólogo francés Pierre Bourdieu, en sus trabajos sobre deporte y clase
social, cuestionó la idea de que las prácticas deportivas dependan
exclusivamente de decisiones individuales. Las posibilidades de acceder y
permanecer en ellas también están condicionadas por los recursos económicos,
sociales y culturales disponibles.
Trasladado
al alto rendimiento argentino, la pregunta resulta inevitable:
¿Qué
significa decirle a un adolescente que “si tiene talento va a llegar” si
después su familia debe pagar equipamiento, entrenadores, alimentación o
viajes?
El mérito
existe. El esfuerzo también. Pero el mérito nunca compite solo.
Cuando
desaparecen las condiciones materiales, no necesariamente continúa el más
talentoso. Puede continuar quien puede pagarlo.
De las campeonas del mundo a Comodoro
La
discusión tiene una traducción directa en nuestra ciudad.
En agosto, Samantha
Acosta, judoca comodorense de 16 años, fue convocada a la Selección
Argentina para disputar el Campeonato Mundial Cadetes de Judo en Guayaquil,
Ecuador.
Había
conseguido la clasificación deportiva.
Después
apareció otra: la económica.
Su familia
necesitaba reunir alrededor de 1.600 dólares para inscripción, traslados
y otros gastos, por lo que debió buscar sponsors y colaboración.
La
contradicción resulta evidente: una adolescente puede tener el nivel suficiente
para representar a la Argentina en un Mundial y, al mismo tiempo, necesitar
conseguir el dinero para poder representar a la Argentina.
Y para los
deportistas patagónicos existe además otro adversario: la distancia.
Desde
Comodoro, competir regularmente implica sumar pasajes, alojamiento y traslados
a los costos normales de cualquier disciplina.
Para competir hay que viajar. Para concentrar hay que viajar. Para ser evaluado muchas veces también. No obstante el federalismo también se juega en una pista, un tatami, una cancha o una pileta.
Antes de la medalla
El
“Maligno” Torres puede recurrir a patrocinadores porque ya es campeón olímpico.
Las Leonas tienen detrás décadas de historia y títulos internacionales.
Pero una
política deportiva no puede comenzar cuando aparece la medalla.
Debe estar
antes.
En el club
que forma, en el entrenador que detecta un talento y en el adolescente que
todavía no tiene sponsors porque nadie sabe si dentro de diez años será
campeón.
Ahí aparece
el límite de dejar exclusivamente en manos del mercado el desarrollo deportivo:
el mercado puede interesarse por quien ya llegó; el Estado debe garantizar
también la posibilidad de llegar.
Hay,
finalmente, una contradicción que atraviesa toda esta discusión.
Cuando un
argentino sube al podio decimos: “Argentina ganó”.
La victoria
es colectiva.
Pero cuando
ese deportista necesita conseguir sponsors, trabajar además de entrenar, pedir
ayuda para viajar o calcular si puede pagar un alquiler, el problema vuelve a
convertirse en individual.
Quizás por
eso deberíamos dejar de preguntarnos solamente cuántas medallas consigue la
Argentina.
La pregunta
anterior es bastante más incómoda:
¿Cuántos
deportistas capaces de ganarlas quedaron en el camino porque no pudieron pagar
el costo de llegar?
Porque las
medallas se ganan el día de la competencia.
Los
deportistas se construyen durante años. Y esos años también se financian.
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