Hablar de inmigración en Comodoro Rivadavia no
es solamente recordar apellidos, comidas típicas o banderas. Es hablar de la
propia construcción de la ciudad.
Desde sus primeros años, el crecimiento de
Comodoro estuvo vinculado a hombres y mujeres llegados desde distintas partes
del mundo. Antes incluso del descubrimiento del petróleo, inmigrantes
participaron del comercio, la ganadería y la actividad portuaria. Entre
aquellos pioneros aparece el italiano Francisco Pietrobelli, figura central en
los orígenes de la localidad.
Un capítulo singular lo protagonizó la
comunidad bóer, llegada desde Sudáfrica a comienzos del siglo XX. El primer
contingente arribó en junio de 1902, después de la Segunda Guerra Anglo-Bóer.
Sus integrantes se radicaron en Comodoro y en establecimientos rurales de la
región, dedicándose principalmente a la actividad ganadera y participando
también en la construcción de caminos y otras instituciones de aquella
incipiente sociedad patagónica.
Pero sería el descubrimiento del petróleo, en
1907, el que transformaría definitivamente la escala de la inmigración.
La creciente explotación del recurso
necesitaba trabajadores y técnicos. Españoles, portugueses, rusos, austríacos,
griegos, italianos, alemanes, croatas, polacos y personas provenientes de
numerosos países comenzaron a llegar a una ciudad que se expandía alrededor del
yacimiento.
El dato permite dimensionar aquel fenómeno: en
1917, de los aproximadamente 1.400 trabajadores que tenía el yacimiento
estatal, más del 95% eran extranjeros. La inmigración, entonces, no fue
simplemente un elemento cultural agregado posteriormente a la identidad
comodorense: estuvo directamente vinculada al nacimiento de su estructura
productiva.
Pero su aporte trascendió el trabajo
petrolero.
Las comunidades extranjeras crearon mutuales,
asociaciones, clubes y espacios de encuentro. La Asociación Española de
Socorros Mutuos surgió en 1910; luego aparecieron instituciones italianas,
portuguesas, alemanas, polacas, croatas y de otras nacionalidades.
Estas organizaciones cumplían funciones que
hoy parecen propias del Estado: brindaban asistencia médica, medicamentos,
apoyo económico y acompañamiento a familias, viudas y huérfanos. También
participaron de colectas y actividades destinadas al desarrollo de
infraestructura sanitaria y comunitaria.
Con el paso de las décadas, las migraciones
también cambiaron. A las corrientes europeas se sumó una fuerte presencia
latinoamericana, particularmente chilena, y posteriormente boliviana, paraguaya
y peruana, entre otras. Así, la diversidad de Comodoro continuó renovándose.
Ese recorrido histórico fue reconocido
institucionalmente cuando, mediante la Ley Nacional 26.810, sancionada en
2012, Comodoro Rivadavia fue declarada “Capital Nacional de las Colectividades
Extranjeras”.
Actualmente, la guía municipal registra al
menos 24 asociaciones y comunidades extranjeras, nucleadas en gran parte
alrededor de FEDECOMEX. Entre ellas se encuentran las colectividades española,
italiana, portuguesa, alemana, croata, polonesa, griega, árabe, sudafricana,
chilena, boliviana, paraguaya y peruana, además de comunidades vascas, gallegas,
asturianas, galesas y otras.
El Censo Nacional 2022 permite observar que el
fenómeno migratorio continúa presente. De los 201.854 habitantes censados en
Comodoro Rivadavia, 14.236 habían nacido en otro país, alrededor del 7% de
la población.
Una
celebración que continúa creciendo
Este año, Comodoro celebra la XIII Fiesta
Nacional de las Comunidades Extranjeras.
El cronograma comenzó con la elección de la
Reina Nacional y Embajadora de la Diversidad Cultural y continúa este 4 de
septiembre con el acto central por el Día del Inmigrante.
El domingo 6 tendrá lugar el tradicional
desfile en el Parque de la Ciudad, mientras que entre el 11 y el 13 de
septiembre el Predio Ferial volverá a convertirse en uno de los grandes
espacios de encuentro de las colectividades, con gastronomía, música,
danzas y expresiones culturales.
La celebración resume una característica
esencial de Comodoro Rivadavia: esta ciudad no solamente recibió
inmigrantes; fue construida por ellos.
En sus pozos petroleros, caminos, comercios,
hospitales, mutuales, clubes y escuelas permanece la huella de miles de
personas que llegaron desde otros lugares y terminaron convirtiendo este rincón
de la Patagonia en su casa.
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