Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)- En plena fiebre del Mundial 2026, la
analogía vale la pena. Porque los paleontólogos también buscan esas “figuritas” (o piezas fósiles) que les
permitan entender cómo era el mundo de hace millones de años y completar esa
suerte de “álbum prehistórico”. Ahora, investigadores del CONICET pudieron
describir, a partir de un hallazgo en Chubut,
el cráneo más completo de Kawanectes
lafquenianus, un peculiar reptil marino de hace 66 millones de años.
“Esta especie
perteneciente a los plesiosaurios, el Kawanectes
lafquenianus, ya había sido registrado en la Formación La Colonia, en Chubut. Lo que hace excepcional a este
hallazgo es que, por primera vez, se halló el cráneo casi completo de esta
especie. El cráneo preservado mide unos 225 milímetros de largo y el animal
habría alcanzado unos 4 metros de longitud total”, detalla a la Agencia CTyS-UNLaM
el doctor José O’Gorman, investigador del CONICET.
Según explica
O’Gorman, uno de los desafíos en vertebrados (y de ahí la importancia del
hallazgo) es que el cráneo tiene prácticamente la mitad de la información para
los análisis filogenéticos. “La distribución es muy asimétrica, porque el
cráneo, que es en proporción muy chico, nos da muchísima información, como la
capacidad encefálica, la alimentación y un largo etcétera. El resto del cuerpo,
mucho más grande, tiene la otra mitad”, plantea el científico, líder de la
expedición que llevó a cabo el hallazgo en 2024.
"Lo que hace excepcional a este hallazgo es que, por primera vez, se halló el cráneo casi completo de esta especie", explica el doctor José O’Gorman, investigador del CONICET. Créditos: gentileza investigadores.
El espécimen fue
descubierto durante una salida de campo organizada por el Museo Paleontológico
Egidio Feruglio (MPEF) de Trelew, Chubut, institución que también lo conserva
en su colección. La campaña fue financiada por la National Geographic Society.
Radiografía de un habitante de los mares
prehistóricos
Los
plesiosaurios, como el caso Kawanectes, eran
reptiles, pero no dinosaurios. Nadaban con cuatro grandes aletas y podían
tener cuellos extraordinariamente largos. Se extinguieron hace 66 millones de
años, junto a los dinosaurios no avianos, en la extinción masiva de fines del
Mesozoico.
“Por lo que se
sabe actualmente, eran de sangre
caliente y vivíparos, porque hay registro de plesiosaurios embarazados.
Sospechamos que había dimorfismo sexual, es decir, había diferencias marcadas
en cuanto si el ejemplar era macho o hembra- describe O’Gorman-. En cuanto al Kawanectes en particular, era más
pequeño si lo comparamos a otros plesiosaurios. Dado el contexto geográfico
donde vivía (estuarios y mares restringidos), el tamaño debía suponer una
ventaja, para no quedar ni atrapado ni varado en ningún lugar”.
Un punto de origen
Cuentan los
investigadores que la importancia de este hallazgo es que permite ofrecer más certezas sobre el origen de este grupo de animales.
Es decir, responder las preguntas de dónde surgieron, cómo se dispersaron, qué
rutas siguieron.
Estudios previos
apuntaban a que la familia Elasmosauridae en su conjunto habría tenido su
origen en el Mar Interior Occidental, el antiguo mar interior que dividía
Norteamérica de norte a sur durante el Cretácico. Desde allí, distintos linajes
se dispersaron hacia otras regiones del planeta.
El espécimen fue descubierto durante una salida de campo organizada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MPEF) de Trelew, Chubut. Créditos imagen: gentileza investigadores.
Pero el grupo al
que pertenece Kawanectes, los Weddellonectia,
habría surgido en el sur de Sudamérica.
“En el caso de esta especie, era una hipótesis propuesta, pero con la mitad de
los datos faltantes. Ahora, con este hallazgo, pudimos llevar a cabo lo que se
llama análisis paleobiogeográfico. Se trata de una herramienta que nos permite
entender dónde apareció cada uno de los grupos tanto en tiempo como en espacio
mediante modelización matemática”, relata O’Gorman.
El clado de este
plesiosaurio está relacionado con especies halladas en la Antártida y Nueva Zelanda. De esta forma, el hallazgo convierte a
la Patagonia en una pieza clave para entender la historia evolutiva y
biogeográfica de los grandes reptiles marinos del final de la Era Mesozoica.
La “falla” que fue acierto
El hallazgo
reciente del cráneo es una historia en sí misma. Porque fueron estudiantes del
grupo en plena campaña los que encontraron los primeros fósiles, del lado de la
cola del animal. “Ese proceso nos llevó
unos 12 o 13 días, con un esfuerzo enorme. Pero, al llegar a la zona del
cráneo, el animal se ‘cortaba’”, recuerda el paleontólogo.
Pero, al hacer
los bochones para recuperar los restos, uno de los estudiantes encontró una
vértebra cervical del cuello. A esa le siguieron varias más, pero un metro por
encima del anterior hallazgo. ¿Qué había pasado? “Un metro, si hablamos
estratigráficamente, es un montón. Lo que pasó es que había una falla, una fractura en las rocas, que había, de alguna
forma, ‘decapitado’ al animal como con una guillotina. Así, pudimos seguir
excavando hasta encontrar estos restos prácticamente completos del cráneo”.
Financiamiento para preguntas del sur prehistórico
La investigación
fue financiada por CONICET y la National
Geographic Society. El hallazgo se realizó en el marco de una salida de
campo organizada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MPEF) de Trelew,
Chubut, institución que custodia el espécimen en su colección.
“Este
descubrimiento es apenas una partecita
de todo un enorme proyecto que National Geographic busca entender si los
modelos que se han propuesto para la extinción de dinosaurios y otros reptiles
prehistóricos en el hemisferio norte son aplicables acá”, puntualiza el
paleontólogo.
“Si uno se quiere preguntar cómo era el mundo, por
ejemplo, a fines del Mesozoico, lo lógico es que también se pregunte en qué
parte del mundo. Este proyecto propone
toda una revisión de la fauna de vertebrados de Patagonia para intentar
responder esas preguntas”.
FUENTE: Agencia CTyS




