“Ir contra los sistemas alimentarios es una forma
muy sistemática de afectar la vida de las personas en un intento de expulsarlas
de su tierra”, afirma
Najla Abdellatif, activista ambiental sueco-palestina y fundadora de Zero Waste
Palestine.
En medio de la
ofensiva israelí en Gaza y los territorios palestinos ocupados, la degradación
ambiental ha alcanzado niveles sin precedentes, marcada por intensos
bombardeos, destrucción de infraestructura crítica y millones de toneladas de
escombros.
Esa realidad ha
sido denunciada durante años por Abdellatif, de 31 años, nacida en Suecia y
criada bajo la ocupación en Jerusalén. Tras graduarse en negocios y economía en
una universidad sueca en 2017, trabajó cuatro años en proyectos de
sostenibilidad. Luego regresó a Jerusalén Este ocupada, donde sus experiencias
dieron forma a la iniciativa ambiental que más tarde fundó.
“No existen
sistemas adecuados de reciclaje o separación de residuos, y la basura se arroja
en espacios públicos y terrenos vacíos porque no hay regulaciones ni sistemas
apropiados”, recuerda. “Sentí que tenía que hacer algo, cualquier cosa”.
El resultado fue
un blog que lanzó en 2017 llamado Zero Waste Palestine (Residuo Cero
Palestina), enfocado en “crear conciencia sobre la reducción de residuos y una
vida más sostenible en el contexto palestino”. Aunque lo gestiona ella sola, el
proyecto ha crecido hasta incluir más de 50 talleres y una escuela de verano
dedicada a temas ambientales.

Conciencia ambiental
Desde el inicio
de un nuevo genocidio israelí contra los palestinos, esta vez en Gaza en
octubre de 2023, Abdellatif ha reorientado su trabajo hacia la “injusticia
ambiental, cómo la ocupación y el colonialismo afectan al medioambiente y la
salud de las personas que viven en esos entornos”.
Sus talleres
ahora se centran en la conexión con la tierra, un concepto que la ocupación ha
buscado romper y que las comunidades palestinas han sostenido durante
generaciones.
“Mi objetivo sigue
siendo el mismo, pero también he ampliado mi enfoque para incluir temas como
ayudar a las personas a adoptar un estilo de vida más natural y a transitar
hacia alternativas más saludables. Otro objetivo es apoyar a la gente a
reconectar con la tierra y con la naturaleza. También concienciamos sobre las
injusticias ambientales derivadas de la ocupación y el colonialismo”.
Hoy, Zero Waste
Palestine difunde su mensaje principalmente a través de redes sociales. Su
contenido desde videos sobre sustitutos caseros de productos en listas de boicot
hasta publicaciones sobre el uso del hambre como arma de guerra por potencias
coloniales- ha sido visto más de 30 millones de veces. Fue incluida en la lista
Forbes Middle East 30 under 30 por su impacto social.
Desafíos del ambientalismo en Palestina
Además de las
restricciones de movimiento por los puestos de control militares, la ocupación
israelí limita el acceso a la tierra, el agua y la soberanía alimentaria. Las
autoridades han confiscado grandes extensiones de tierra palestina y destruido
miles de olivos, separando a comunidades de tierras cultivadas durante
generaciones. El daño a los sistemas alimentarios es deliberado.
“Las
restricciones de movimiento entre ciudades de Cisjordania (ocupada) impiden que
los productos palestinos lleguen al mercado”, lo que obliga a depender cada vez
más de productos israelíes a precios competitivos, debilitando estructuralmente
a los agricultores palestinos.
En Gaza, el 95%
de la tierra agrícola ha sido atacada y destruida. Los materiales tóxicos de los
bombardeos han degradado el suelo, amenazando la producción de alimentos
durante años.
“Los pescadores
enfrentan restricciones y disparos israelíes en sus propias aguas. El
territorio ha sido despojado de la infraestructura necesaria para alimentarse y
ha quedado completamente dependiente de la ayuda. Estas restricciones buscan en
todos los sentidos hacer la vida palestina inviable y miserable”.
A pesar de
décadas de despojo, las comunidades palestinas han continuado cultivando su
tierra y manteniendo su vínculo con ella (una práctica de resistencia ambiental
conocida como eco-sumud, del árabe “resiliencia”). Abdellatif ha llevado esta
lucha a distintos países del Sur Global: Jordania, Egipto, Túnez, Emiratos
Árabes Unidos y, más recientemente, América Latina.
Latinoamérica: intercambios en Argentina y
Colombia
Las visitas de
Abdellatif a la región formaron parte de un esfuerzo más amplio por construir
solidaridad transnacional contra el colonialismo y sus efectos ambientales con
un viaje a Colombia y a Argentina. En un programa de intercambio liderado por
la ONG española Mundubat, participó en conversaciones para “contar las
historias de los palestinos en el terreno y trazar paralelismos entre la lucha palestina
y las luchas históricas en América Latina”.
Su recorrido la
llevó primero a Colombia, en junio de 2025. En Bogotá se reunió con
legisladores, activistas del Colectivo Justicia Racial (un grupo de abogados
afrodescendientes) y miembros de la Universidad Nacional de Colombia donde
descubrió que el apoyo a Palestina es “más visible y fuerte”, señala. “El
gobierno (de Gustavo Petro) ha adoptado una postura propalestina y ha avanzado
hacia acciones concretas, como sanciones”.
Luego viajó a
Argentina, en febrero en 2026. En Buenos Aires mantuvo intercambios con
organizaciones de derechos humanos como las Madres de Plaza de Mayo, además de
estudiantes y profesores de la Universidad Nacional de La Plata y de la Cátedra
Edward Said de la Universidad de Buenos Aires. “En Argentina, el lobby sionista
es visible y muy fuerte, e influye tanto en el gobierno como en la capacidad de
la sociedad civil para tomar posiciones firmes”, recuerda.
Estos encuentros,
dice, estuvieron marcados por una “fuerte apertura y solidaridad”, y durante su
trayecto identificó rápidamente patrones familiares.
“Muchos países
latinoamericanos han atravesado conflictos e injusticias ambientales, muchos de
ellos resultado de potencias imperiales”, añade, señalando el legado de
industrias extractivas que contaminan ríos, provocan deforestación y desplazan
comunidades. “Los pueblos indígenas están en la primera línea de esta
explotación”.
Greenwashing
De hecho, la
presencia sionista es cada vez más visible en América Latina, en particular la
empresa de agua Mekorot, fundada en 1938, está expandiendo su huella.
Abdellatif explica “Mekorot ejecuta un sistema de apartheid hídrico en
Palestina, controlando y robando las fuentes de agua palestinas y desviándolas
hacia los asentamientos israelíes, mientras se impide a los palestinos acceder
a sus propios recursos y se les obliga a recomprar su propia agua a precios
elevados”.
En 2026, firmó
acuerdos con Argentina, México, Brasil y Uruguay. República Dominicana también
suscribió convenios con la compañía, descritos en su web como “únicos” y
“pioneros”. En Argentina, varios acuerdos con provincias se alcanzaron sin
transparencia ni consulta pública. La campaña Fuera Mekorot, vinculada al
movimiento BDS, coordina la oposición a estos contratos.
Mekorot ha impulsado
la privatización del agua a nivel global y, según Abdellatif, forma parte del
“greenwashing” de Israel, que proyecta “una imagen de liderazgo verde mientras
comete crímenes ambientales y ecocidio en tierras palestinas”.
El argumento
resuena en América Latina, una región que concentra alrededor del 60% de la
biodiversidad mundial y que también ha vivido la llegada de empresas
extranjeras con promesas de desarrollo económico, pero que terminan extrayendo
recursos y desplazando comunidades.
“Las luchas en el
Sur Global son similares en muchos aspectos; esto no es solo un problema
palestino o regional, sino uno más amplio, especialmente en el Sur Global,
resultado de un sistema roto que genera múltiples crisis”, afirma Abdellatif.
“Como resultado, los temas ambientales quedan relegados”.
Memoria
Además de su
trabajo ambiental, Abdellatif también documenta la memoria palestina,
colaborando con creadores que comparten una misión similar. Una de estas
colaboraciones fue con Aya, la voz detrás de Olive Odyssey, un proyecto que
documenta aldeas palestinas despobladas. Juntas visitaron Ijzim, una aldea palestina
en las afueras de Haifa.
Para Abdellatif,
este trabajo conecta con una cuestión central: la forma en que Israel ha
intentado borrar la memoria de las aldeas palestinas construyendo parques
nacionales y reservas naturales sobre sus ruinas.
“Son intentos de
borrar la memoria de estas aldeas y de Palestina, no solo de su existencia
física”, afirma.
El borrado va más allá de la tierra. “Nuestra cultura está siendo apropiada y robada por
el colonizador, y nuestra identidad es atacada como forma de borrar nuestra
memoria y existencia. A través del relato, la historia e identidad palestinas
han logrado mantenerse vivas”.
“Algunos
detalles de nuestra historia en ciertos planes educativos en algunas zonas de
la Palestina ocupada han sido modificados, se prohíbe izar la bandera
palestina, algunos eventos culturales no están permitidos, y se nos impone el
idioma del colonizador”.
Es un patrón que América Latina reconoce desde su propia historia. “El mismo
escenario ha ocurrido en América Latina y en distintas partes del mundo. Está
en el manual del colonialismo a lo largo de la historia”.




