Durante la audiencia, celebrada en Manhattan, se le leyeron los cargos de narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína y posesión de ametralladoras y otros dispositivos destructivos. Maduro, de 63 años, fue trasladado desde un centro de detención de Brooklyn con las manos atadas y escoltado por agentes armados. También compareció su esposa, Cilia Flores, quien figura como acusada en la misma investigación.
Según la fiscalía federal, Maduro habría encabezado una red internacional de tráfico de drogas con vínculos con organizaciones como los carteles mexicanos de Sinaloa y Los Zetas, las FARC colombianas y el Tren de Aragua. El expediente se inició en 2020 y fue ampliado con nuevos elementos y acusados.
“No soy culpable, soy un hombre decente, sigo siendo el presidente de mi país”, expresó Maduro en español ante el tribunal, al tiempo que aseguró haber sido “secuestrado” en su residencia de Caracas. El juez Alvin Hellerstein fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo y ordenó que tanto Maduro como Flores permanezcan detenidos en Nueva York.
De acuerdo con los fiscales, las presuntas actividades ilícitas de Maduro se remontan a comienzos de siglo, cuando ocupaba cargos legislativos y ministeriales, y se habrían prolongado tras asumir la presidencia en 2013, luego de la muerte de Hugo Chávez. El exmandatario rechazó reiteradamente las acusaciones, que calificó como una maniobra política vinculada a los intereses de Estados Unidos sobre los recursos petroleros venezolanos.




