Un grupo internacional de paleontología de Argentina y Japón descubrió una nueva especie de raptor de unos 70 millones de años en El Calafate, Santa Cruz. Un integrante del equipo cuenta las diferencias de esta especie con los raptores del hemisferio norte y porqué el hallazgo aporta información fundamental para reconstruir el ecosistema prehistórico patagónico.
Si bien ya se
habían encontrado otros raptores en esta región del mundo, el descubrimiento de
Kank australis, en sedimentos de la Formación Chorrillo, cerca de la
localidad de El Calafate, da cuenta de una diversidad de formas y tamaños de
los raptores todavía poco conocida.
“El
descubrimiento de Kank australis nos
muestra que este grupo estaba bien distribuido en Sudamérica durante el
Cretácico Superior, justo antes de la caída del meteorito hace 66 millones de
años”, explica a la Agencia CTyS-UNLaM Matías Motta, doctor en Ciencias Naturales
y primer autor del trabajo. “Este
hallazgo llena un vacío geográfico muy importante. También nos ayuda a
entender cómo se distribuían estos animales en el sur de Sudamérica y su
conexión con parientes hallados en la Antártida”.

Los fósiles
hallados del Kank australis, que en
vida tenía unos dos metros de largo,
consisten en restos fragmentarios, incluidos vértebras, dientes y huesos del
pie. El material, de todas formas, presenta características únicas que
permitieron identificarlo como una nueva especie.
Un raptor patagónico distinto al Velociraptor del
norte
Cuentan los
expertos que Kank australis pertenece
a un grupo de dinosaurios cercanos al
origen de las aves, llamados unenlágidos,
exclusivos del hemisferio sur. “Es un grupo de raptores hallados en Argentina,
la Antártida, África y Australia, que se distinguen por su forma corporal.
Tenían el hocico muy alargado y más de
20 dientes en sus quijadas”, explica Motta.
El paleontólogo
agrega que este raptor patagónico tenía dientes
cónicos, con pequeñas estrías a sus lados. Es decir, distintos de los
dientes de estilo “cuchillo” de los raptores del norte. “Además, algunos
unenlágidos poseían brazos muy largos que nos hacen pensar que tenían alas como
las aves”, remarca.
¿Cómo era Kank australis y de qué se alimentaba? La comparación de los restos hallados con
esqueletos de aves actuales permitió hipotetizar a los paleontólogos que este
animal tendría hábitos similares a
garzas y cigüeñas. Se trata de una hipótesis que viene ganando fuerza entre
los especialistas. Además, contrasta con la representación tradicional de los
raptores como depredadores ágiles y veloces.
“Los dientes
numerosos y con estrías del Kank
habrían sido útiles para la captura de
peces. Y la anatomía de las vértebras del cuello nos muestra que tendría
una flexibilidad notable para el grupo”, describe Motta sobre la nueva especie.
“Tenía estructuras particulares que recuerdan a las presentes en animales de
cuello largo y pescadores, como las garzas y cigüeñas”.
A futuro, sin
embargo, serán necesarios análisis específicos, como los de isótopos de los
dientes, para conocer y confirmar la dieta de este animal.
Una ventana al pasado prehistórico
En la época en la
que vivió el Kank¸ el paisaje de
Santa Cruz era muy distinto a la actualidad. La cordillera de los Andes no
existía y el ambiente estaba desbordado de vida, dominado por ríos, lagunas y abundante vegetación.
En ese momento del tiempo (y en ese punto del planeta) había más especies.
"En el mismo
sitio de donde proceden los restos del Kank
se encontraron fósiles de peces, ranas, tortugas, serpientes y mamíferos.
También otros dinosaurios, como el enorme carnívoro Maip macrothorax y el dinosaurio de cuello largo Nullotitan glaciaris", detalla
Motta.
Un homenaje a la mitología de los pueblos
originarios
“Kank” hace
alusión al “ñandú anciano”, que según la mitología Aonikenk dejó su huella en
el cielo y formó la constelación Choiols, conocida comúnmente como Cruz del
Sur, mientras que “australis” significa “del sur” en latín, en referencia al
lugar donde fue descubierto.
“Patagonia es un
lugar cargado de historias y con un fuerte impacto emocional para el equipo, ya
que pasamos mucho tiempo excavando fósiles rodeados de paisajes alucinantes”,
narra Motta. “En los campamentos alejados de las ciudades es donde, por
ejemplo, volvemos a admirar el cielo nocturno con la Vía Láctea y los millones
de estrellas. Nos pareció oportuno entonces nombrar a este dinosaurio en honor
a Kank, el nombre de un gran ñandú que, según la mitología tehuelche, dejó su
huella en el cielo formando la constelación Choiols, conocida por nosotros como
Cruz del Sur. El sur como rumbo. Como memoria de quienes somos y de dónde
venimos”.
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