Era un soñador desde la época en que vendía diarios. Todo eso fue un motor, busqué mi futuro en un país lejano”. Resume a la distancia Fabián Osvaldo Sáez, comodorense de raíz, ciudadano americano y vecino de Atlanta. Laburante desde adolescente y ayudante de la economía familiar trabajó en ópticas; como vendedor de tiendas y ropa deportiva entendió que el propósito era superior. Primero intentó Australia pero le fue denegada su visa por no tener oficio calificado pero lejos de eso insistió y en 1996 gracias a un amigo, llegó como turista a la modesta ciudad texana de Nacogdoches.
El fútbol fue su cable a tierra y la pelota, siempre presente, le facilitó la adaptación. De jugar en la Primera de Jorge Newbery y probarse en Rácing, Gimnasia y Estudiantes de La Plata llegó a “La Pandilla”, un equipo de una liga de inmigrantes y a un torneo Intercolectividades jugando con un grupo de descendientes de italianos.
Nuevo idioma
“Al idioma lo estudié por mi cuenta y agudicé el oído en el trabajo, llevar una conversación fluida me llevó tres o cuatro años. Es otra fonética y la lengua no arrastra la sílaba como tiene que ser. Siempre supe que aprender inglés era beneficioso para mí”.
“Primero trabajé en una empresa que cortaba árboles y de palero en una compañía que instalaba fibra óptica”. Tras un paso fugaz por Argentina, tomó la decisión de trabajar “por horas” y no por el sueldo. “Volví en agosto del ’98 ya decidido a quedarme, aún arriesgándome a no renovar mi permiso. Tardé diez años en volver, me traje a mi señora y mi hija nació en Texas en el 2001”.
“También trabajé –dijo Sáez a Jornada- en un taller de sillas de ruedas a batería haciendo reparaciones y entregas. Estuve en Texas y en Atlanta en dos compañías diferentes y también en una empresa que hacía patios de adoquines; muros de contención y escaleras en bloques de piedra. Era un laburo pesado pero lo hacía con gusto porque me daba para vivir bien”.
Radicado en Atlanta reconoce la presencia de muchos patagónicos diseminados en las principales ciudades americanas. “En algún momento llegamos a ser veinticinco comodorenses en distintas ciudades pero la mitad se volvió”.Emigrar
“Emigrar –dice Fabián- es una decisión que cambiará el resto de la vida de quien lo decida, le vaya bien o mal. Provoca un cambio grande en la visión y el panorama sobre la vida, el trabajo y otras culturas. Es una experiencia enriquecedora, tiene que haber una enseñanza”. Y destaca que el “precio” a la decisión es no ver a la familia y los afectos por muchos años sin importar el destino que se elija.
“No solamente se arriesga el capital del pasaje y el dinero que puedas reunir; a veces está la barrera del idioma y lo más difícil hoy es obtener un permiso o una visa. Los jóvenes lo tienen que hacer, siempre aliento a que se arriesguen. Viendo dónde y cómo no “a la aventura” como yo. Antes las leyes eran otras pero cambió todo después de las Torres Gemelas. Ya nadie puede vivir en la ilegalidad”, advierte
Ciudadano estadounidense
Sáez quien decidió hacerse ciudadano americano y en consecuencia adquirió todos los derechos. “Trato de ser un buen ciudadano, solidario y respetando las leyes. Acá me superé, crecí y me gano la vida dignamente”.
Un soldador oriundo de Pico Truncado y radicado en USA le propuso trabajar como ayudante de cañista en Miami, el primer envión para la actual profesión de éste comodorense-americano que es cañista industrial en grandes estructuras como plantas de petróleo y de químicos; plantas de energía eléctrica y de elaboración de alimentos o bebidas.
De todo
“Hago todo lo que es tubería desde media pulgada hasta 36 de diferentes espesores y materiales. Trabajo por meses en distintas ciudades, recorro todo Estados Unidos. El sistema es flexible y no trabajo para una sola compañía, sino que me contratan por proyecto. Me pagan por hora y son 40 regulares, las extras se pagan al 50 por ciento y eso “levanta” el cheque. Me muevo en mi camioneta y tengo un motorhome con mis herramientas que son especiales para el trabajo. En vez de pagar hotel, me alojo en cámpings y tengo todas las comodidades”, sentenció Sáez.
Propia casa
Este esfuerzo sostenido desde hace quince años le dio la posibilidad de adquirir su propia casa (“Es muy linda, soñada y la estamos pagando con un préstamo hipotecario a treinta años”) y de conformar un entorno familiar acorde. “Mi señora trabaja en una fábrica de elementos de seguridad y mi hija trabajó en vacaciones como guardavidas y en una cafetería. Está haciendo una pasantía en un estudio pero está cursando tercer año en la Universidad en la carrera de Ingeniería Civil”.
Fuente: Diario Jornada.
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